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“Todos quieren matar a Carrero” – Ernesto Villar – Edit. Libroslibres

Posted by Jaime Gaviria en 28/12/2011

Acabo de terminar de leer un libro sobre un episodio muy conocido para aquellos a los que nos tocó vivir el final del franquismo: el asesinato del presidente Carrero Blanco en 1973. Recuerdo que a mí me pilló con 11 años y no me daba muy bien cuenta de lo que eso significaba. Sí recuerdo que estaba en clase en el Liceo Francés, y que nos mandaron a todos los críos a casa porque nos decían que no se sabía lo que iba a pasar.

El autor inicia el libro con una pregunta simple: ¿por qué leer ahora un libro sobre este tema? Puede haber muchas razones. Una, que se aproxima el cuarenta aniversario del magnicidio, con lo que presumiblemente aparecerán libros y artículos sobre el tema (con lo que él no hace sino adelantarse). Pero otra, y muy interesante, es que el autor ha tenido acceso al sumario (más de 3.000 folios) sobre el asesinato de Carrero, que al parecer ha estado perdido por los juzgados de Madrid, sin que nadie, o pocas personas, se hayan interesado por él.

La tesis central del libro es tan sugerente como inquietante: se sabe quién asesinó al almirante Carrero (la organización ETA); pero lo que no se sabe con certeza es si ETA actuó sola o en compañía de otros, que facilitaron el asesinato. Bien porque proporcionaron medios para ejecutarlo, bien porque miraron para otro lado sabiendo que iba a ocurrir. Y quiénes eran esos otros, y por qué actuaron así. Es una tesis sugerente, porque permitiría abrir una línea de investigación histórica sobre un hecho que sin lugar a dudas modificó el rumbo que podía haber tomado el país a la muerte de Franco. Y es inquietante, porque del relato de Ernesto Villar se deduce que el común de los mortales nunca llegaremos a saber, ni en este episodio ni en otros, lo que realmente hay detrás. Valga con evocar el 23 – F. ¿Hay alguien que crea que todo está dicho sobre este acontecimiento?

El libro está muy bien escrito, en forma de “thriller” basado en hechos reales. El autor se ha documentado recurriendo a distintas fuentes de información, entre las que se encuentran los hijos del almirante y los agentes de inteligencia que pudieron estar relacionados con el caso y que, 40 años después, han decidido hablar, facilitando su nombre o no. El cuadro que pinta Villar es perfecto para una película de espías: etarras fichados por la policía,  que campan a sus anchas por Madrid sin que nadie les inquiete; agentes de la CIA en labores de contravigilancia, que conocen todos los pasos de los etarras, pero no informan a la policía española;  inspectores de la Brigada Político Social destinados en Bilbao, que advierten de lo que puede pasar y a los que nadie escucha; topos del SECED (el servicio de inteligencia creado por Carrero, precursor del CESID y del CNI) infiltrados en la organización ETA; espías del Alto Estado Mayor del Ejército, servicio enfrentado al SECED, que vigilan al almirante Carrero y se retiran del lugar de los hechos poco antes de la explosión; agentes del KGB, igualmente interesados en saber lo que pasa; antíguos terroristas de la OAS en Argelia, que forman a los etarras en el manejo de las bombas; un tunel cavado a pocos metros de la embajada americana, sin que nadie lo denuncie…

Y como colofón, un hecho hasta ahora desconocido: el servicio secreto francés, que detecta la presencia en el País Vasco Francés de los etarras que han cometido el asesinato, y ofrece a los policías españoles la oportunidad de entrar en Francia de incógnito y secuestrar a los asesinos de Carrero. La operación, según Villar,  se frustra porque la embajada de España en París se niega a ejecutar el operativo. ¿Será verdad?

Además de otras muchas preguntas sin contestar 40 años después: ¿Por qué no se puso en marcha la “operación jaula” en Madrid? ¿Por qué no hubo controles en las fronteras? ¿Cómo es posible que Arias Navarro, ministro de Gobernación y responsable de la seguridad de Carrero, no solo no fuese cesado, sino promovido a presidente del gobierno?¿Por qué no se declaró el estado de excepción en todo el país, cuando por menos que esto ya se había hecho? ¿Qué quiso decir Franco con “no hay mal que por bien no venga”, cuando habían asesinado a su más fiel servidor?

Todo ello, totalmente cierto, según asevera el autor. Aunque el libro no llega a conclusión alguna respecto a una posible trama de apoyo a ETA que ayudase significativamente a los asesinos a ejecutar su acción, sí subraya un hecho verdadero: Carrero tenía muchos enemigos, no solo fuera del régimen (la oposición política ilegalizada; la organización ETA; los propios EEUU, preocupados por el futuro de sus bases y por la negativa del gobierno Carrero para entrar en la OTAN), sino también dentro de él (como el Marqués de Villaverde, que apostaba como sucesor de Franco por su yerno, y no por el príncipe Juan Carlos, a lo que Carrero se negaba; o los ultras del bunker, que no veían a Carrero como una garantía de continuidad del régimen franquista; o los aperturistas de Fraga, que le veían justamente como lo contrario). Demasiados enemigos y de todo tipo. Y muy pocos apoyos. ¿Alguien echó una mano a los de ETA, que entonces era una organización cuasi – principiante que nunca había atentado fuera del País Vasco? La pregunta queda en el aire.

En otro orden de cosas, resulta curioso cómo el autor, que no parece sospechoso de franquismo, dibuja al almirante Carrero con unas virtudes que son justamente las que echamos de menos en los políticos actualmente: austero (vive en un piso de alquiler, utiliza un bolígrafo bic cristal reparado con papel cello, devuelve las dietas de viaje que no gasta); incorruptible (rechaza las cestas de regalo de Navidad, no atiende a los que vienen a pedirle ayuda por el embrollo judicial del caso MATESA); y preocupado exclusivamente por los intereses del país (o los que él entiende como tales) y no por los de grupos de presión. Un hombre de ideas simples y lealtad perruna a Franco, pero que no se casa con nadie. Ni siquiera con los franquistas.

En mi opinión, muy buen libro y muy interesante. Aunque solo para aficionados a la reciente historia de España. Como mucho, también a los fanáticos de las novelas de espionaje. Pero mucho me temo que los de la generación de mi hija no gastarán en él la propina del fin de semana.

Escena del atentado (“Operación Ogro”). Escenas reales tras el magnicidio:http://www.youtube.com/watch?v=9LT2jBeV_PU

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