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“Taiwan, el problema de China” – Xulio Rios – Edit. Catarata

Posted by Jaime Gaviria en 18/02/2012

Recientemente nos han llegado muchas  noticias sobre la situación política en la península de Corea, subrayando que allí existen dos estados con nombres similares (República de Corea y República Popular de Corea). Como tenemos la memoria frágil, conviene recordar que la situación de división de un mismo país en dos estados no es algo nuevo, pues esto ya se ha producido varias veces en la historia: Alemania tras la IIª Guerra Mundial, Corea y Vietnam durante la guerra fría, o el caso más exótico de Yemen en los años 60.

Asimismo, cada vez nos llegan más noticias sobre el desarrollo económico de China, del “gigante asiático” que pronto pasará a ser la primera economía del mundo, y sobre su evolución desde el comunismo hacia una forma curiosa de capitalismo estatal en el que se está desarrollando una clase media – alta que empieza a ser la envidia de muchos países. No quiero insistir mucho en esto porque basta leer los periódicos o ver la televisión para conocer los acontecimientos que se están desarrollando allí a gran velocidad y los cambios que está experimentando esa enorme potencia.

¿A qué viene ligar lo uno con lo otro? ¿Qué tienen que ver los países divididos (Corea, Alemania, Vietnam…) con China? Pues muy sencillo. La pregunta es: ¿ya nos acordamos de que existen dos Chinas, y no solo una? ¿Y que solo por hacer esta afirmación, un ciudadano chino continental puede dar con sus huesos en la cárcel?

He tenido ocasión de leer el libro “Taiwan, el problema de China”, en el que el autor, Xulio Ríos, repasa la situación a ambos lados del estrecho de Formosa. Es un conflicto olvidado para la mayoría de los europeos, y desde luego, desconocido para las jóvenes generaciones y 18 añeros en España (víctimas de la LOGSE y de la incultura en que han sido educados). Curiosamente, los que más podemos saber, o hayamos podido tener más interés por este problema, somos los directivos de empresas a los que nos ha tocado comerciar con empresas chinas. Porque en ese ambiente, el problema es omnipresente, y hay que andar con mucho cuidado con lo que se dice y cómo se les dice, pues para ellos es un tema muy delicado que más vale soslayar. Yo diría que es casi obligado tener, al menos, un barniz de conocimiento de la situación, para no desagradar a tu interlocutor, con quien, por cierto, quieres hacer negocios.

Tras la IIª Guerra Mundial, y una vez expulsados los japoneses de China, los comunistas de Mao y los nacionalistas de Chiang Kai Shek se enzarzaron en una guerra civil que duro 4 años. El resultado fue que los seguidores del Kuomintang se atrincheraron en la isla de Formosa, hoy Taiwan, mientras que el continente quedó en manos de las fuerzas comunistas. Cuando, en 1949, Mao proclama la República Popular China, el país queda dividido en dos: el continente y la isla. Y desde un punto de vista político, aparecen dos entidades: la República de China (que era el único país existente hasta entonces) y la República Popular China (que es lo que hoy todos entendemos por China).

La postura de ambas entidades, durante muchos años, fue la misma: solo existe una China. Taiwan, que hasta 1970 era quien ocupaba el asiento de China en la ONU, decía: solo existe una China, que es la República de China (o sea, ellos), y que está en guerra contra los comunistas que, circunstancialmente, han ocupado el continente. Pero tarde o temprano recuperaremos el territorio perdido. Mientras que la República Popular China contestaba: efectivamente, sólo existe una China, que somos nosotros, la República Popular China. La isla de Formosa es una provincia rebelde que tarde o temprano será conquistada. Esta teoría ha sido desbordada de facto por Taiwan, quien por una parte, ha renunciado a reconquistar el continente, y solo aspira a que se le deje vivir en paz siguiendo su propio camino; y por otra, aspira a ser reconocida como un estado diferente, aunque sea de hecho, por el mayor número posible de países.

En cambio, la postura de la China continental es muy distinta, pues la República Popular insiste en que solo existe una China y no tolerará de ninguna forma que la isla proclame su independencia. Prueba de ello son los miles de misiles que, desde el continente, apuntan a la isla. Y cuando China amenaza, más vale tomarla en serio.  El objetivo de unificar la patria es, para el PCCh, irrenunciable. Ya se consiguió con Macao y con Hong Kong. Solo queda Formosa. Simplemente insinuar que la isla de Taiwan pueda dar pasos hacia su independencia definitiva es algo que irrita sobremanera a la República Popular China. En el año 2004, el recién elegido presidente de Taiwan planteó la posibilidad de organizar un referendum para separarse definitivamente de China. Lo que dio lugar a una enorme demostración de fuerza militar por los continentales. Los misiles chinos llegaron a sobrevolar Taipei en varias ocasiones. El mensaje fue claro: ni se os ocurra.

El libro desgrana la evolución de esta situación en el tiempo, repasando los distintos acontecimientos de todo tipo  -políticos, económicos, bélicos…-  que se han dado entre las dos Chinas, y cómo se ha consolidado el statuo quo actual (con, por supuesto, la inestimable ayuda de los EEUU). También aventura cómo se podría dar salida a esta situación, que claramente parece enfocada a una reunificación a muy largo plazo por la vía económica, cuando el continente alcance con su desarrollo económico un nivel similar al de la isla. Por mucha retórica bélica que pueda haber entre ambos, los chinos son gente práctica: cada vez hay más empresas taiwanesas establecidas en el continente, y los intercambios económicos entre los dos países (según unos) o entre el continente y su provincia rebelde (según otros) no dejan de crecer.

No tengo demasiadas esperanzas de que nadie se lea este libro, pero sí me permitiría recomendar a todos los ejecutivos de empresas que tengan o vayan a tener relación con empresas chinas que investiguen un poco este tema. Les vendrá bien para saber por dónde pisan.

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