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Archive for 27 julio 2012

“Donostia 1813” – Iñaki Egaña. Editorial Txertoa, 2012.

Posted by Jaime Gaviria en 27/07/2012

He leído con mucho interés el libro de Iñaki Egaña, recientemente publicado en la Editorial Txertoa, bajo el sugerente título “Donostia 1813”. Como sabemos, el año que viene se celebra el 200 aniversario de la destrucción de la ciudad en la Guerra de la Independencia, y el libro sale a la luz, sin duda, en el momento ideal, en el que se están preparando actos para rememorar dicha efemérides.

No entraré a describir los hechos históricos, pues todos los donostiarras conocemos sobradamente (espero) que la ciudad, en el año 1813, estaba ocupada por las tropas napoleónicas, y que el ejército aliado anglo – portugués, que supuestamente debía liberar la ciudad del invasor francés, no lo hizo de forma muy amable precisamente. A los aliados, al mando del duque de Wellington, no les bastó con derrotar al ejército del general francés Rey, sino que sus soldados entraron en San Sebastián a sangre y fuego, matando, quemando, robando y violando. Tras el asalto del 31 de agosto de 1813, poco quedó de San Sebastián.

Más bien me centraré en el análisis del contenido del libro de Egaña, que aporta una visión de los hechos bastante novedosa. Y que, por tanto, merece la atención de los amantes de investigar la historia de nuestra ciudad. Especialmente de aquellos hechos luctuosos, que supusieron un antes y un después en la vida de San Sebastián.

No tenía el gusto de conocer como autor a Iñaki Egaña, y tampoco tenía noticia de su bibliografía, por lo que consulté la presentación que de él hace la editorial al inicio de su libro. En ella, se nos dice entre otras cosas que Egaña es un prolífico autor que destaca sobre todo en el ensayo y en la investigación histórica. Creo que el análisis de los títulos de algunas de sus obras   -“Los crímenes de Franco en Euskal Herría”, “Euskal Herría y la libertad”, “Los días de Argel” o “1936ko gerra haurrei kontatua”- nos puede dar una idea de cuáles son los temas de su interés.

Una vez leída esta presentación del autor, me sumergí con más ganas si cabe en el contenido de “Donostia 1813”.

Bibliografía

Antes de exponer mi propia visión de lo que en “Donostia 1813” se nos cuenta, creo conveniente indicar en qué información me baso para analizar la obra de Egaña. Obviamente, no puedo presentarme como historiador, pero quisiera reseñar los libros que he leído sobre el tema (todos ellos se encuentran en mi biblioteca particular)   y a los que haré referencia lo largo de este artículo:

Gates, D.:”Historia de la guerra de la independencia”. Ediciones Cátedra, Madrid, 1987.

Sada, J.: “Historia de San Sebastián”. Editorial Txertoa, San Sebastián, 1997.

Sada, J.: “San Sebastián: la historia de la ciudad a través de sus barrios”.  Editorial Txertoa, San Sebastián, 1997.

Artola, M.: “Historia de Donostia – San Sebastián”.  Editorial Nerea, San Sebastián, 2000.

Belmas, J.: “Defensa de San Sebastián por las tropas francesas en 1813”. Ediciones Simtac, Valencia, 2006.

Sada, J.: “El asalto a la Brecha. Crónica de la destrucción de San Sebastián en 1813”. Editorial Txertoa, San Sebastián, 2010.

Guirao, R.: “San Sebastián 1813”. Editorial Almena, Serie Guerreros y Batallas. Madrid, 2011.

De Diego, E.: “España, el infierno de Napoleón”. Editorial La Esfera de Los Libros, Madrid, 2008.

La tesis de “Donostia 1813”

Seguidamente, daré mi visión sobre lo que nos cuenta Egaña en su obra, Donostia 1813. Quiénes, cómo y   por qué provocaron la mayor tragedia en la historia de nuestra ciudad”.

 En cuanto a la descripción histórica de los hechos, el libro no aporta nada nuevo a lo ya conocido. Lo importante, a mi juicio, es la tesis que el autor convierte en columna vertebral de su obra: que la destrucción de la ciudad fue una venganza, ordenada por el general español Castaños, por la actitud de los donostiarras en la pasada Guerra de la Convención (1793 – 1795), a quienes les acusa de entregar entonces la ciudad a los soldados franceses sin presentar la suficiente resistencia al invasor (pág. 43 y otras).

Como cualquier línea de investigación novedosa sobre unos hechos históricos, y más si nos atañen a los donostiarras directamente, merece la pena adentrarse en ella. Así que vamos allá.

 Errores en hechos objetivos

Para empezar, y aunque no tenga relación directa con los hechos, me parece una mala tarjeta de presentación, para alguien que se dice historiador, afirmar tajantemente, como hace Egaña, que San Sebastián no fue capital de la provincia de Guipúzcoa hasta 1854 (pág. 23).

Esto, como mínimo, es una media verdad. Sí que es cierto que en 1813 Guipúzcoa no tenía una capital permanente, pues esta era rotatoria desde hacía tiempo entre las villas de tandas en las que residía el Corregidor real. Y también es verdad que, desde dicho nombramiento, hubo bastantes peleas con las demás sedes de las Juntas para ver quién se llevaba el gato al agua de la capitalidad de la provincia (vid. Artola, op.cit., págs. 226 y siguientes). Pero será el único autor que yo he visto que defiende esta tesis. En general, es un hecho ampliamente aceptado que San Sebastián fue capital de Guipúzcoa desde 1821, con un periodo intermedio (1844 – 1854) en que Tolosa ostentó dicho título (ver las obras citadas de Sada y Artola).

Mucho peor aún es afirmar (pág. 124) que el general Álava, a quien acusa de ser uno de los instigadores de la destrucción de San Sebastián en 1813, fue el artífice de la alianza de los británicos con los liberales españoles en la segunda guerra carlista, y que desembarcó con las tropas inglesas en 1835 en nuestra ciudad. La Legión Británica participó en la defensa de San Sebastián no en la segunda guerra carlista (1872 – 1876), sino en la primera (1833 – 1840), interviniendo entre otras acciones en la batalla de Oriamendi (1837).

Me parece un error muy grave para alguien que se dice historiador. Siendo indulgente, quiero pensar que se trata de un lapsus, como el que comete en la pág. 62, cuando nos dice que el gobernador militar Luis Antonio Betron, que cedió sin lucha la plaza a los franceses en 1808, nació en 1875. Pero cuando se escribe un libro de historia, si se quiere que sea tenido en cuenta como una obra válida, lo menos que cabe hacer es repasarlo varias veces antes de proceder a su publicación.

Las comparaciones son …

Creo que no tienen desperdicio los anacronismos en los que incurre el autor, comparando hechos muy posteriores a 1813 y que, evidentemente, nada tienen que ver entre sí. Veamos algunas (no las únicas)  comparaciones que realiza:

  • La entrada de las tropas aliadas en nuestra ciudad, en 1813, con la de las tropas franquistas en 1936 en la guerra civil (pág.16).
  • El título de Generalísimo del ministro Godoy con el de Franco (pág. 43).
  • La falsa versión dada por los ingleses de los hechos de 1813, con la dada por los franquistas sobre la destrucción de Gernika en 1937 (págs. 220 y 236).
  • La actuación del general francés Moncey en la guerra de la Independencia, con el golpe de estado de Tejero en 1981 (pág. 55).
  • Presentar a Castaños como el principal sospechoso de la quema y destrucción de San Sebastián, como Mola lo fue de Gernika en 1937 (pág. 154).

 Y ya de paso, nos recuerda (pág. 197) que los ingleses hubieron de enterrar a muchos de sus muertos en el alto de Aitzerrota, donde hoy se halla el palacio de La Cumbre (propiedad del gobierno español, subraya), y donde en 1983 la Guardia Civil detuvo y torturó a dos refugiados vascos (se refiere al caso Lasa – Zabala). No consigo entender qué relación tienen estos hechos con la destrucción de San Sebastián en 1813.

Creo que un estudio histórico sobre unos hechos ocurridos en 1813 no se puede adornar con comparaciones de acontecimientos ocurridos muchísimos años después, salvo que lo que se pretenda es orientar  burdamente la historia hacia el sentido que quiere el autor. Mejor haría Egaña en defender la tesis de su libro con mucha más base de lo que lo hace. Veamos algunos ejemplos.

Castaños, culpable

General Javier Castaños

Egaña señala una y otra vez al general Castaños (págs. 155, 172, 210 y otras) como la persona que dio las órdenes para destruir San Sebastián. Dado que los ejércitos aliados en la Península estaban al mando del Duque de Wellington, y que no consta que éste diese órdenes expresas para destruir la ciudad, creo que se debería aclarar cuál era la posición de Castaños en el organigrama militar aliado, y si tenía capacidad para dar ese tipo de órdenes, pasando por encima de su inmediato superior. En mi opinión, este punto no queda en absoluto ni claro ni demostrado a lo largo del libro.

Para justificar su tesis, Egaña recurre a las declaraciones de vecinos donostiarras supervivientes del asalto, en las que éstos dicen haber oído decir a los soldados portugueses e ingleses que tenían órdenes de arrasar la ciudad y de matar a todos sus habitantes “porque así lo había ordenado el general Castaños”. Y también a las confesiones de soldados portugueses, hechos prisioneros por los franceses antes del asalto, que afirmaban lo mismo: que había órdenes del general Castaños de acabar con la ciudad y sus habitantes.

O sea, que la base de la acusación contra Castaños son las declaraciones de unos soldados extranjeros, de un ejército donde este general no tenía mando, pues el responsable directo era Wellington. ¿Nos basamos en que “dicen que dicen que han dicho”? ¿Puede considerarse esto base suficiente?

Respecto a las declaraciones de los vecinos supervivientes, concedo total credibilidad como historiador y cronista de la ciudad a Javier Sada, quien en su libro “El asalto a la Brecha”  también se basa en un documento que Egaña utiliza: las actas del juicio popular que el juez de primera instancia realizó en noviembre de 1813 para dar a conocer las atrocidades ocurridas. Y sí que es verdad que aparecen las declaraciones de dos vecinos en las que ratifican que los soldados aliados decían tener órdenes de Castaños para destruir la ciudad y pasar a cuchillo a sus habitantes (págs. 114 y 122).

Como también lo es que un tercer vecino, describiendo cómo los soldados desvalijaban una casa (pág. 124), dice “…oyéndoles la falsa voz de que tenían órdenes del general Castaños de matar a todos los habitantes e incendiar la ciudad…con cuya absurda especie querían sin duda justificar las intenciones que traían”.

¿A quién creemos?

En otro momento, Egaña deja caer, crípticamente (pág. 125), que los archivos privados del general Álava (a quien considera otro de los instigadores de la destrucción) se encuentran guardados en una vivienda particular de San Sebastián, y que quizás algún día sean públicos y entonces podremos saber algo más de porqué Vitoria no fue asaltada y Donostia, en cambio, apenas dos meses después, arrasada.

¿Qué conoce Egaña que no quiere contar? ¿Por qué él ha tenido acceso a estos archivos y otros historiadores no? ¿Por qué dichos archivos contienen información clasificada, y quién lo ha decidido así? ¿Puede un ensayo histórico basarse en afirmaciones misteriosas? Porque así, cualquier tesis es defendible.

Conclusiones

Sir Arthur Wellesley, duque de Wellington

Daré mi opinión. Sinceramente, creo que el asunto es bastante más sencillo. Wellington no ordenó expresamente la destrucción de la ciudad, sino que simplemente miró para otro lado y permitió la lógica de la guerra de la época. Los soldados eran mercenarios que cobraban parte de su sueldo mediante el botín que capturasen en las ciudades ocupadas. Y Wellington lo consintió.

Si hubo algo más, si la destrucción de la ciudad fue más allá del esperable deseo de la soldadesca de hacerse con  un botín de guerra y liberar tensiones primarias acumuladas, yo me apunto a la tesis de David Gates en “La úlcera española: Historia de la guerra de la Independencia” (pág. 406).  Si los ingleses podían tener interés en la destrucción de San Sebastián, el motivo sería económico, porque San Sebastián siempre había rivalizado con los centros comerciales de Gran Bretaña.

Colateralmente, la destrucción del puerto de San Sebastián le podía venir bien a Inglaterra por motivos comerciales. Pero la tesis de que el general español Castaños y sus supuestos deseos de venganza contra los donostiarras están detrás de la destrucción de la ciudad, para mí no se sostiene, y esconde un interés evidente en reescribir la historia en el sentido que le interesa al autor. Que a la vista de su bibliografía y de sus anacronismos interesados, está muy claro cuál es. En cualquier caso, que el lector de este artículo saque sus propias conclusiones.

 Por mi parte, creo que hay obras mucho más serias y rigurosas para conocer qué pasó el 31 de agosto de 1813 en San Sebastián. De los que yo he leído, me permito recomendar a quienes estén interesados por el tema los antes citados libros de Javier Sada “El asalto a la Brecha: crónica de la destrucción de San Sebastián en 1813”, Jacques Belmas “Defensa de San Sebastián por las tropas francesas en 1813” (que recoge el punto de vista francés del sitio y defensa de la ciudad). Y sobre todo, el libro de historia militar de Ramón Guirao “San Sebastián 1813”, con una minuciosa descripción de las defensas militares  de la ciudad y una detalladísima recreación del sitio y del asalto final de las tropas aliadas.

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