Jaime Gaviria Productions

El blog de Jaime Gaviria

  • ¿Quieres ser mi amigo / a en Facebook?

    Entrega tu solicitud de amistad en la ventanilla de www.facebook.com/jaime.gaviriafernandez.

  • ¿Quieres contactar en Twitter?

    Puedes encontrarme con @gaviria_jaime.
  • Haz clic para seguir este blog y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo electrónico.

  • Opciones

“Donostia 1813” – Iñaki Egaña. Editorial Txertoa, 2012.

Posted by Jaime Gaviria en 27/07/2012

He leído con mucho interés el libro de Iñaki Egaña, recientemente publicado en la Editorial Txertoa, bajo el sugerente título “Donostia 1813”. Como sabemos, el año que viene se celebra el 200 aniversario de la destrucción de la ciudad en la Guerra de la Independencia, y el libro sale a la luz, sin duda, en el momento ideal, en el que se están preparando actos para rememorar dicha efemérides.

No entraré a describir los hechos históricos, pues todos los donostiarras conocemos sobradamente (espero) que la ciudad, en el año 1813, estaba ocupada por las tropas napoleónicas, y que el ejército aliado anglo – portugués, que supuestamente debía liberar la ciudad del invasor francés, no lo hizo de forma muy amable precisamente. A los aliados, al mando del duque de Wellington, no les bastó con derrotar al ejército del general francés Rey, sino que sus soldados entraron en San Sebastián a sangre y fuego, matando, quemando, robando y violando. Tras el asalto del 31 de agosto de 1813, poco quedó de San Sebastián.

Más bien me centraré en el análisis del contenido del libro de Egaña, que aporta una visión de los hechos bastante novedosa. Y que, por tanto, merece la atención de los amantes de investigar la historia de nuestra ciudad. Especialmente de aquellos hechos luctuosos, que supusieron un antes y un después en la vida de San Sebastián.

No tenía el gusto de conocer como autor a Iñaki Egaña, y tampoco tenía noticia de su bibliografía, por lo que consulté la presentación que de él hace la editorial al inicio de su libro. En ella, se nos dice entre otras cosas que Egaña es un prolífico autor que destaca sobre todo en el ensayo y en la investigación histórica. Creo que el análisis de los títulos de algunas de sus obras   -“Los crímenes de Franco en Euskal Herría”, “Euskal Herría y la libertad”, “Los días de Argel” o “1936ko gerra haurrei kontatua”- nos puede dar una idea de cuáles son los temas de su interés.

Una vez leída esta presentación del autor, me sumergí con más ganas si cabe en el contenido de “Donostia 1813”.

Bibliografía

Antes de exponer mi propia visión de lo que en “Donostia 1813” se nos cuenta, creo conveniente indicar en qué información me baso para analizar la obra de Egaña. Obviamente, no puedo presentarme como historiador, pero quisiera reseñar los libros que he leído sobre el tema (todos ellos se encuentran en mi biblioteca particular)   y a los que haré referencia lo largo de este artículo:

Gates, D.:”Historia de la guerra de la independencia”. Ediciones Cátedra, Madrid, 1987.

Sada, J.: “Historia de San Sebastián”. Editorial Txertoa, San Sebastián, 1997.

Sada, J.: “San Sebastián: la historia de la ciudad a través de sus barrios”.  Editorial Txertoa, San Sebastián, 1997.

Artola, M.: “Historia de Donostia – San Sebastián”.  Editorial Nerea, San Sebastián, 2000.

Belmas, J.: “Defensa de San Sebastián por las tropas francesas en 1813”. Ediciones Simtac, Valencia, 2006.

Sada, J.: “El asalto a la Brecha. Crónica de la destrucción de San Sebastián en 1813”. Editorial Txertoa, San Sebastián, 2010.

Guirao, R.: “San Sebastián 1813”. Editorial Almena, Serie Guerreros y Batallas. Madrid, 2011.

De Diego, E.: “España, el infierno de Napoleón”. Editorial La Esfera de Los Libros, Madrid, 2008.

La tesis de “Donostia 1813”

Seguidamente, daré mi visión sobre lo que nos cuenta Egaña en su obra, Donostia 1813. Quiénes, cómo y   por qué provocaron la mayor tragedia en la historia de nuestra ciudad”.

 En cuanto a la descripción histórica de los hechos, el libro no aporta nada nuevo a lo ya conocido. Lo importante, a mi juicio, es la tesis que el autor convierte en columna vertebral de su obra: que la destrucción de la ciudad fue una venganza, ordenada por el general español Castaños, por la actitud de los donostiarras en la pasada Guerra de la Convención (1793 – 1795), a quienes les acusa de entregar entonces la ciudad a los soldados franceses sin presentar la suficiente resistencia al invasor (pág. 43 y otras).

Como cualquier línea de investigación novedosa sobre unos hechos históricos, y más si nos atañen a los donostiarras directamente, merece la pena adentrarse en ella. Así que vamos allá.

 Errores en hechos objetivos

Para empezar, y aunque no tenga relación directa con los hechos, me parece una mala tarjeta de presentación, para alguien que se dice historiador, afirmar tajantemente, como hace Egaña, que San Sebastián no fue capital de la provincia de Guipúzcoa hasta 1854 (pág. 23).

Esto, como mínimo, es una media verdad. Sí que es cierto que en 1813 Guipúzcoa no tenía una capital permanente, pues esta era rotatoria desde hacía tiempo entre las villas de tandas en las que residía el Corregidor real. Y también es verdad que, desde dicho nombramiento, hubo bastantes peleas con las demás sedes de las Juntas para ver quién se llevaba el gato al agua de la capitalidad de la provincia (vid. Artola, op.cit., págs. 226 y siguientes). Pero será el único autor que yo he visto que defiende esta tesis. En general, es un hecho ampliamente aceptado que San Sebastián fue capital de Guipúzcoa desde 1821, con un periodo intermedio (1844 – 1854) en que Tolosa ostentó dicho título (ver las obras citadas de Sada y Artola).

Mucho peor aún es afirmar (pág. 124) que el general Álava, a quien acusa de ser uno de los instigadores de la destrucción de San Sebastián en 1813, fue el artífice de la alianza de los británicos con los liberales españoles en la segunda guerra carlista, y que desembarcó con las tropas inglesas en 1835 en nuestra ciudad. La Legión Británica participó en la defensa de San Sebastián no en la segunda guerra carlista (1872 – 1876), sino en la primera (1833 – 1840), interviniendo entre otras acciones en la batalla de Oriamendi (1837).

Me parece un error muy grave para alguien que se dice historiador. Siendo indulgente, quiero pensar que se trata de un lapsus, como el que comete en la pág. 62, cuando nos dice que el gobernador militar Luis Antonio Betron, que cedió sin lucha la plaza a los franceses en 1808, nació en 1875. Pero cuando se escribe un libro de historia, si se quiere que sea tenido en cuenta como una obra válida, lo menos que cabe hacer es repasarlo varias veces antes de proceder a su publicación.

Las comparaciones son …

Creo que no tienen desperdicio los anacronismos en los que incurre el autor, comparando hechos muy posteriores a 1813 y que, evidentemente, nada tienen que ver entre sí. Veamos algunas (no las únicas)  comparaciones que realiza:

  • La entrada de las tropas aliadas en nuestra ciudad, en 1813, con la de las tropas franquistas en 1936 en la guerra civil (pág.16).
  • El título de Generalísimo del ministro Godoy con el de Franco (pág. 43).
  • La falsa versión dada por los ingleses de los hechos de 1813, con la dada por los franquistas sobre la destrucción de Gernika en 1937 (págs. 220 y 236).
  • La actuación del general francés Moncey en la guerra de la Independencia, con el golpe de estado de Tejero en 1981 (pág. 55).
  • Presentar a Castaños como el principal sospechoso de la quema y destrucción de San Sebastián, como Mola lo fue de Gernika en 1937 (pág. 154).

 Y ya de paso, nos recuerda (pág. 197) que los ingleses hubieron de enterrar a muchos de sus muertos en el alto de Aitzerrota, donde hoy se halla el palacio de La Cumbre (propiedad del gobierno español, subraya), y donde en 1983 la Guardia Civil detuvo y torturó a dos refugiados vascos (se refiere al caso Lasa – Zabala). No consigo entender qué relación tienen estos hechos con la destrucción de San Sebastián en 1813.

Creo que un estudio histórico sobre unos hechos ocurridos en 1813 no se puede adornar con comparaciones de acontecimientos ocurridos muchísimos años después, salvo que lo que se pretenda es orientar  burdamente la historia hacia el sentido que quiere el autor. Mejor haría Egaña en defender la tesis de su libro con mucha más base de lo que lo hace. Veamos algunos ejemplos.

Castaños, culpable

General Javier Castaños

Egaña señala una y otra vez al general Castaños (págs. 155, 172, 210 y otras) como la persona que dio las órdenes para destruir San Sebastián. Dado que los ejércitos aliados en la Península estaban al mando del Duque de Wellington, y que no consta que éste diese órdenes expresas para destruir la ciudad, creo que se debería aclarar cuál era la posición de Castaños en el organigrama militar aliado, y si tenía capacidad para dar ese tipo de órdenes, pasando por encima de su inmediato superior. En mi opinión, este punto no queda en absoluto ni claro ni demostrado a lo largo del libro.

Para justificar su tesis, Egaña recurre a las declaraciones de vecinos donostiarras supervivientes del asalto, en las que éstos dicen haber oído decir a los soldados portugueses e ingleses que tenían órdenes de arrasar la ciudad y de matar a todos sus habitantes “porque así lo había ordenado el general Castaños”. Y también a las confesiones de soldados portugueses, hechos prisioneros por los franceses antes del asalto, que afirmaban lo mismo: que había órdenes del general Castaños de acabar con la ciudad y sus habitantes.

O sea, que la base de la acusación contra Castaños son las declaraciones de unos soldados extranjeros, de un ejército donde este general no tenía mando, pues el responsable directo era Wellington. ¿Nos basamos en que “dicen que dicen que han dicho”? ¿Puede considerarse esto base suficiente?

Respecto a las declaraciones de los vecinos supervivientes, concedo total credibilidad como historiador y cronista de la ciudad a Javier Sada, quien en su libro “El asalto a la Brecha”  también se basa en un documento que Egaña utiliza: las actas del juicio popular que el juez de primera instancia realizó en noviembre de 1813 para dar a conocer las atrocidades ocurridas. Y sí que es verdad que aparecen las declaraciones de dos vecinos en las que ratifican que los soldados aliados decían tener órdenes de Castaños para destruir la ciudad y pasar a cuchillo a sus habitantes (págs. 114 y 122).

Como también lo es que un tercer vecino, describiendo cómo los soldados desvalijaban una casa (pág. 124), dice “…oyéndoles la falsa voz de que tenían órdenes del general Castaños de matar a todos los habitantes e incendiar la ciudad…con cuya absurda especie querían sin duda justificar las intenciones que traían”.

¿A quién creemos?

En otro momento, Egaña deja caer, crípticamente (pág. 125), que los archivos privados del general Álava (a quien considera otro de los instigadores de la destrucción) se encuentran guardados en una vivienda particular de San Sebastián, y que quizás algún día sean públicos y entonces podremos saber algo más de porqué Vitoria no fue asaltada y Donostia, en cambio, apenas dos meses después, arrasada.

¿Qué conoce Egaña que no quiere contar? ¿Por qué él ha tenido acceso a estos archivos y otros historiadores no? ¿Por qué dichos archivos contienen información clasificada, y quién lo ha decidido así? ¿Puede un ensayo histórico basarse en afirmaciones misteriosas? Porque así, cualquier tesis es defendible.

Conclusiones

Sir Arthur Wellesley, duque de Wellington

Daré mi opinión. Sinceramente, creo que el asunto es bastante más sencillo. Wellington no ordenó expresamente la destrucción de la ciudad, sino que simplemente miró para otro lado y permitió la lógica de la guerra de la época. Los soldados eran mercenarios que cobraban parte de su sueldo mediante el botín que capturasen en las ciudades ocupadas. Y Wellington lo consintió.

Si hubo algo más, si la destrucción de la ciudad fue más allá del esperable deseo de la soldadesca de hacerse con  un botín de guerra y liberar tensiones primarias acumuladas, yo me apunto a la tesis de David Gates en “La úlcera española: Historia de la guerra de la Independencia” (pág. 406).  Si los ingleses podían tener interés en la destrucción de San Sebastián, el motivo sería económico, porque San Sebastián siempre había rivalizado con los centros comerciales de Gran Bretaña.

Colateralmente, la destrucción del puerto de San Sebastián le podía venir bien a Inglaterra por motivos comerciales. Pero la tesis de que el general español Castaños y sus supuestos deseos de venganza contra los donostiarras están detrás de la destrucción de la ciudad, para mí no se sostiene, y esconde un interés evidente en reescribir la historia en el sentido que le interesa al autor. Que a la vista de su bibliografía y de sus anacronismos interesados, está muy claro cuál es. En cualquier caso, que el lector de este artículo saque sus propias conclusiones.

 Por mi parte, creo que hay obras mucho más serias y rigurosas para conocer qué pasó el 31 de agosto de 1813 en San Sebastián. De los que yo he leído, me permito recomendar a quienes estén interesados por el tema los antes citados libros de Javier Sada “El asalto a la Brecha: crónica de la destrucción de San Sebastián en 1813”, Jacques Belmas “Defensa de San Sebastián por las tropas francesas en 1813” (que recoge el punto de vista francés del sitio y defensa de la ciudad). Y sobre todo, el libro de historia militar de Ramón Guirao “San Sebastián 1813”, con una minuciosa descripción de las defensas militares  de la ciudad y una detalladísima recreación del sitio y del asalto final de las tropas aliadas.

Anuncios

11 comentarios to ““Donostia 1813” – Iñaki Egaña. Editorial Txertoa, 2012.”

  1. azken mohican said

    Totalmente de acuerdo, con tus conclusiones

  2. Totalmente de acuerdo con lo que escribes en este artículo. A mí me da una pereza enorme el entrar en estas polémicas con historiadores tan “asépticos”, por lo que agradezco mucho que entréis en el juego, con unos razonamientos lógicos. Acepto que mi postura es la cómoda, pero me supera “perder” el tiempo en estos debates estériles. A mí no me van a convencer ni adoctrinar, pero reconozco que vuestra labor combativa es importante para que los lectores no versados en nuestra historia saquen sus propias conclusiones.
    Me gusta mucho como desmenuzas este trabajo, por llamarlo de alguna manera, así como la credibilidad de su autor con su extensa y variada bibliografía publicada hasta el momento.
    Sobre los libros que recomiendas, totalmente conforme con el de mi amigo y colega Ramón Guirao, aunque algo menos con los de Sada, ya que a mi modo de ver, no investiga nada, solamente se dedica a jugar con los mismos datos de varios libros “troncales”. No creo que aporta mucho a la investigación, aunque sí lo hace a la divulgación, que también es importante.
    Yo también soy bloguero, por lo que te recomiendo visites mi blog, en el que encontrarás artículos interesantes.
    http://comedurasdetarro.over-blog.es/
    Un saludo.

    • Gracias por leer mi artículo. Me alegro que seamos más quienes pensemos igual, no eres el único que me ha escrito dándome la razón. Te diré que soy un aficionadillo a la historia, y también me gusta mucho el tema de las guerras carlistas, he leído bastante sobre ello. Lo que pasa es que mi blog es, para mí, un pasatiempo, yo no entro en la investigación histórica tan a fondo como lo haces tú, que me he quedado abrumado viendo tu blog. En el mío hablo de más cosas: de mi hija y sus estudios, de mis partidos de pádel, de libros de economía (soy licenciado por la ESTE), algo de cine… Es un enfoque diferente. Verás que tengo escritos dos artículos sobre el cementerio de los Ingleses, pero para meterme con los políticos, me da vergüenza que los leas porque no te llego ni a la altura del betún. Bueno, espero que podamos mantener correspondencia más a menudo porque nos gustan los mismos temas. Un abrazo.

      • Estimado sr. Gaviria: en calidad de vicepresidente de la Asociación de historiadores guipuzcoanos quisiera recomendarle, tanto a vd. como a sus lectores, la lectura del artículo “Decidnos, ¿quién quemó realmente San Sebastián en 1813?” publicado poco después de su reseña sobre el libro que menciona vd. .
        Encontrará ahí referencias más a fondo sobre lo insostenible, históricamente hablando, de las tesis de dicho libro.
        Igualmente le recomendamos la lectura de la serie “La penúltima campaña de las guerras napoleónicas”, publicada igualmente en la plataforma digital del Diario Vasco, donde encontrará referencias rigurosas, y muchas de primera mano, acerca de esos hechos históricos tan malversados en el libro que vd. cita.
        Sin otro particular, reciba un cordial saludo.

      • Estimado Sr.: Gracias por leer mi artículo. Me causa sorpresa y gran satisfacción ver que personas dedicadas al estudio en profundidad de nuestra historia reciente hayan dedicado un tiempo a leer un artículo de una persona como yo, que soy un mero aficionadillo y que solo escribo en mi blog como pasatiempo, sin ninguna pretensión de que sea leído por nadie. Me ha hecho mucha ilusión y creo que es mucho más de lo que merezco. La satisfacción es todavía mayor al ver que mis modestas conclusiones coinciden con las de gente mucho más preparada que yo. Me gustaría tener algún tipo de contacto con su Asociación, bien por redes sociales, conferencias, boletines que publiquen… Le ruego me indique la mejor forma. Muchas gracias de nuevo y un cordial saludo.

  3. Amiel said

    Sr. Gaviria: Gracias por demostrar que no se traga ruedas de molino y que de forma elegante, incluso en exceso suave, deja bien sentado el carácter clarísimo de “Adoctrinamiento politico” y “Manipulación histórica tendenciosa” de ese libelo con pretensiones y sin fundamentos. Espero que pronto se escriba sobre esta vergonzosa realidad que padecemos desde hace ya demasiado tiempo, con el tácito consentimiento e intencionalidad de algunos sectores políticos, encaramados al poder gracias a el amordazamiento de otras ideas y opciones ya demasiado conocido, que persiguen sembrar odios y resabios en la juventud, cuidadosamente mantenida en la ignorancia de las fuentes históricas serias, demostradamente documentadas ( y sin esconder supuestas “fuentes” pero citándolas, como podría hacer cualquier discurseador de taberna).

    • Muchas gracias por leer mi artículo. Como ya he dicho a otras personas que han tenido la amabilidad de leerlo y de darme su opinión, soy un mero aficionado a la historia de nuestra ciudad, y escribo en mi blog como un pasatiempo, sin ninguna pretensión de que nadie lea mis artículos. Me hace mucha ilusión que haya gente que los lea, que me escriba, y que esté de acuerdo con mis conclusiones. Si que es verdad que busco tener mi propia opinión sobre ciertos temas, y no admitir sin más los intentos de algunos de reescribir la historia de San Sebastián. Un cordial saludo.

      • Jose mari Leclercq said

        Hola Jaime. Igual estás un poco sorprendido por el aumento de comentarios en tu blog. Te cuento. Me he tomado la libertad, espero que no te ofendas, de recomendar lo que dices en tu blog criticando el panfleto de Egaña. En mi artículo comento que suscribo todos los puntos que mencionas con puntos y comas, a la vez que me siento incapaz de aportar una mejor y más completa crítica.

        Gracias y nuevamente perdona por haberme tomado esa libertad.

        Un saludo.

        ________________________________

      • Buenos días. Por supuesto que no me molesta. Lo que ocurre es que estoy totalmente abrumado por el hecho de que personas con muchísima mayor preparación que yo en el conocimiento de la historia de la ciudad hayan dedicado un tiempo a leer mi artículo y suscriban mi análisis y mis conclusiones. La verdad es que no sé que decir, jamás pensé que podía ocurrirme esto, máxime cuando mi formación no es la de historiador (soy licenciado por la ESTE), y que mi blog combina artículos sobre libros de historia con otros temas que no tienen nada que ver. Os quedo infinitamente agradecido porque la verdad, no me lo esperaba ni por asomo y me ha hecho mucha ilusión. Por favor, rectifica mi nombre en tu artículo, no soy Ángel Gaviria sino Jaime Gaviria. El link al blog está bien. Muchas gracias de nuevo y un cordial saludo.

  4. PBP said

    El archivo del General alava es custodiado por sus descendientes y su responsabilidad de clasificación y estudio, y permiso de acceso, la detenta una familia de Donostia. Es una propiedad privada y, mucho me temo, Iñaki Egaña no creo que haya tenido acceso a él. El responsable de su custodia es público y notorio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: