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Archive for 21 abril 2013

“Nosotros, los mercados”. Daniel Lacalle. Ed. Deusto, 2013.

Posted by Jaime Gaviria en 21/04/2013

nosotros-los-mercados-9788423416141Desde el inicio de la crisis económica en 2007, con el estallido de las hipotecas subprime, la caída de Lehman Brothers,  y todos los acontecimientos que han venido después (crisis de la deuda soberana, rescate de varios países en la zona euro, etc.), nos hemos acostumbrado a oír hablar de unos entes etéreos, llamados “los mercados”, que no sabemos muy bien qué o quiénes son, pero que, intuimos, tienen un poder ilimitado sobre nuestras vidas. Hay quienes los han comparado con los dioses del Olimpo griego, seres gigantescos y sobrenaturales, que deciden sobre el futuro de los hombres y administran justicia a su voluntad. De forma que, en cualquier momento, pueden lanzarnos un rayo y fulminarnos, si nuestro comportamiento no les agrada, o premiarnos con una vida mejor si cumplimos con sus designios.

El autor del libro tiene amplio conocimiento de quiénes son y cómo funcionan estos seres mitológicos, pues trabaja en un “hedge fund”, o fondo de gestión alternativa, que en palabras comprensibles para cualquiera, es una compañía de inversiones que mueve grandes cantidades de dinero, y las invierte en aquellas empresas, a nivel mundial y de distintos sectores, que consideran adecuadas para obtener una buena rentabilidad con un nivel de riesgo controlado.

En sí, el libro es una cruzada contra la deuda pública. De las tres partes en las que se divide, en las dos primeras el autor se centra en explicar por qué han ocurrido las crisis económicas de los últimos años, y pone en el centro de la diana a dos protagonistas: la deuda pública, que muchos países han incrementado como si este proceso pudiera no tener fin y no hubiese que pagarla nunca, y los políticos, que aparecen una vez más como los verdaderos responsables de las crisis. Estos personajes ya han sido imputados como convictos en otros libros comentados en este blog. Por ejemplo, en “El hundimiento de la banca”, en todo lo relativo a la crisis de las cajas de ahorros en España. En “Nosotros, los mercados”, de nuevo, reaparecen. Y ya son varios los autores que los señalan como culpables de todo lo que está pasando. Por algo será…

El autor utiliza argumentos totalmente lógicos y fáciles de comprender para cualquier lector, y la verdad, de una simplicidad aplastante. La crisis actual es una crisis de deuda pública, alimentada por los políticos, que nos han hecho creer que los países podían endeudarse sin límite, porque siempre habría un banco central que les sacase las castañas del fuego. Ya se ha visto que no es así. Y los mercados, vía prima de riesgo, lo que cotizan es la capacidad que perciben de un país para pagar sus deudas. Tan simple como eso. Las crisis bancarias que se han dado en España son también, según el autor, crisis de deuda pública, pues las cajas estaban gobernadas por políticos, que dedicaron las inversiones, muchas innecesarias e irrecuperables,  a lo que políticamente les convenía.

Lacalle, desde su conocimiento interno de los hedge funds,  desmonta muchos argumentos que habitualmente se utilizan en la prensa económica, como que la crisis financiera en España es de deuda privada y no pública (pues mucha de la deuda pública es con el sector privado, amén de toda la deuda que ha estado oculta para no incrementar las ratios de déficit, o de lo ya comentado sobre las inversiones de las cajas de ahorro) o que cuando el Tesoro coloca emisiones de deuda debemos alegrarnos. La deuda es deuda, hipoteca nuestro futuro,  y tarde o temprano habrá que pagarla. Los mercados, los inversores en suma, la suscriben o no, en función de su percepción acerca de la capacidad de reembolso del emisor.

El libro es muy interesante, porque es muy didáctico, sobre todo en sus dos primeras partes, y es muy crítico con muchos de los argumentos que los políticos   -una vez más, señalados como culpables-   nos quieren hacer creer. Puede ser leído por cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos de la actualidad económica, y contribuye a que tengamos opinión propia sobre temas que parecen evidentes (como que las deudas se contraen con alguien; que ese alguien espera que le devuelvan su dinero; que no pueden ser ilimitadas y hay que pagarlas; tanto en el ámbito de la economía doméstica, como en el de un país), pero que los políticos se encargan de disfrazar.

La tercera parte ya es mucho más técnica y más difícil de asimilar, pues explica el funcionamiento de los hedge funds en detalle. Si bien, recomiendo el capítulo 39 “El día a día de un hedge fund”, donde se describe quiénes son los inversores en un fondo de este tipo; en base a qué criterios se invierte, criterios que en todo caso son totalmente objetivos; que no trabajan en un “mercado de cowboys”, sino que  las decisiones de inversión están muy controladas y reguladas por organismos independientes;  y que estos fondos no tienen nada que ver con la imagen de “buitres” que quiere transmitir la presidenta argentina Cristina Kirchner, ni sus trabajadores se parecen en nada al Gordon Gekko de “Wall Street”.

Dentro de ese espíritu crítico que impregna el libro, me permito señalar que he visto muy poca censura a los bancos, y que por lo general, los “hedge funds” aparecen siempre como los buenos de esta película de terror a la que asistimos desde hace años. Quizás lo sean, y tengamos una percepción errónea sobre ellos. Pero por si acaso, sugiero que, nosotros también, leamos “Nosotros, los mercados” con espíritu crítico.

Aún así, me permito recomendar el libro, porque creo que es didáctico y canta las verdades del barquero. Deuda y políticos. Ahí se resume todo.

 

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“La revolución de los vikingos”. Elvira Méndez Pinedo. Ed. Planeta, 2012.

Posted by Jaime Gaviria en 07/04/2013

imagesYa llevamos varios años de crisis económica en Europa, y desde el 2007 en que la tormenta empezó hay varios barcos que han estado a punto de hundirse y a los que ha habido que rescatar: Grecia, Irlanda, Portugal, el sistema bancario español, el caso más reciente de Chipre, y otros que se anuncian próximos. En todos los casos, la receta que se aplica es similar: rescate del sistema bancario con fondos públicos, subidas de impuestos, austeridad a ultranza para reducir los déficits, reducción del sistema social de bienestar… Con la sensación de que, como siempre, el pagano es el ciudadano de a pie, y que quienes han provocado estos problemas se van de rositas.

Y esto en el caso español parece bastante evidente, a lo que contribuye una justicia muy lenta y de eficacia muy cuestionada. La impresión que se tiene es que el ciudadano, al final, no es tal, sino que pasa de ciudadano a siervo, sin ninguna capacidad de influir o de corregir lo que los gobernantes le hacen, y cuya única posibilidad de protesta es el derecho al pataleo, aun sabiendo que es ineficaz.

Pero…¿esto ha sido así en todos los casos de países en dificultades? ¿No queda más remedio que asumir lo que decidan Alemania o la “Troika”, y que la población indefensa sufra las consecuencias de lo que otros han hecho?

Pues bien, hay que saber que la aldea de Asterix existe, y que no se ha plegado al poder de Roma.

En el norte de Europa, cerca del círculo polar ártico, encontraremos un pequeño país llamado Islandia, que normalmente no aparece ni en nuestra prensa ni en nuestras televisiones. Un país sin especial  interés para nuestros medios de comunicación,  en el que nunca pasa nada, con ciudadanos pacíficos que viven bien y no molestan.

Tenía interés en saber qué ocurrió en 2008 en el que, según muchos estudios económicos e índices de desarrollo social y humano, era el mejor país del mundo para vivir: una sociedad con un nivel de vida altísimo, sin pobreza, sin delincuencia, sin conflictos sociales, tasa de escolarización del 100 %, internet en todos los hogares… Y que de la noche a la mañana se encontró en quiebra, sin bancos, endeudada, empobrecida y acosada por acreedores de medio mundo. La primera pieza de caza que la crisis se cobró después de la caída del banco Lehman Brothers, que fue el detonante de todo lo que vino a continuación.

Este libro de Elvira Méndez describe cómo reaccionó la sociedad islandesa ante los desmanes provocados por algunos políticos y financieros de su país, que lo llevaron al desastre, del que ya en 2013 poco a poco va saliend0. La autora, especialista en Derecho Europeo, trabajaba como profesora en la Universidad de Reikiavik cuando estalló la crisis en el país, por lo que ha vivido en primera persona todo lo que ha ocurrido en Islandia en estos últimos años y la respuesta que allí se dio ante la gravísima crisis financiera a la que este país se tuvo que enfrentar.

Para quien no haya seguido de cerca los acontecimientos que se han vivido en Islandia desde 2008 hasta nuestros días, el resumen podría ser el siguiente: en 2008, Islandia disfrutaba de una gran prosperidad económica, que había llevado a tres de sus bancos (que representaban el 85 % de su sistema financiero) a realizar importantes inversiones en el exterior, pues el país (300.000 habitantes) se les había quedado pequeño. Dichos bancos, para poder continuar su crecimiento, asumieron inversiones arriesgadas, financiadas con capital extranjero, pues el ahorro nacional no era suficiente para sostener su expansión. Esto llevó a que el volumen del sistema bancario islandés fuese totalmente desproporcionado respecto al PIB del país.

Al estallar la crisis financiera mundial en 2007, los mercados se “secaron”, y ya en 2008 , los bancos islandeses no pudieron cumplir con sus compromisos frente a terceros. Esto llevó a la quiebra a su sistema bancario, además de expulsar al país de los circuitos financieros internacionales y provocar una devaluación de su moneda nacional de un 50 %. Pero, a diferencia de lo que está ocurriendo en otros casos, el gobierno islandés se negó a rescatar a sus bancos y los dejó quebrar (también hay que decir que no hubiese podido rescatarlos aunque hubiese querido, pues el banco central islandés no tenía fondos para ello, ni a nadie que se los prestase), y dio prioridad a proteger la economía de los islandeses antes que la de los inversores extranjeros. Justo lo contrario de lo que está pasando en los demás países de la zona euro, a la que Islandia no pertenece.

Esto, por la parte económica.  Pero por la parte ciudadana hay diferencias muy importantes. La sociedad islandesa se movilizó, y mediante la participación ciudadana, ha conseguido cambios muy significativos en la gestión de su país, como destituir al gobierno, provocar la imputación judicial del primer ministro por mala gestión, impulsar una nueva constitución, y negarse a aceptar, mediante  votación en dos referendums, las soluciones que su gobierno había acordado con Holanda y Gran Bretaña para restituir los fondos de los ahorradores de ambos países en la quiebra del banco Icesave.

Por si fuera poco, Islandia ha ganado recientemente (enero de 2013) el pleito que Gran Bretaña y Holanda le plantearon por dicha  quiebra, por lo que no tendrá que compensar a ambos países con fondos públicos, sino que se les pagará con el producto de la liquidación de los bancos quebrados. Conclusión: David ha vencido a Goliath. Otras soluciones son posibles. ¡Qué envidia! Si los portugueses (quizás el caso más extremo ahora), los griegos o los españoles pudiésemos copiar lo que allí ocurrió… Pero no corramos tanto.

Este es el resumen que la prensa y los medios pueden ofrecer para los titulares. Pero conviene saber que la realidad no es del todo así, y que hay muchos matices, importantes, de los que no se nos ha informado, y que hacen que la historia islandesa no sea tan bonita como parece, ni mucho menos. El libro de Elvira Méndez cubre esas carencias informativas.

No quiero extenderme más en este relato, porque acabaría narrando todo el libro. Sí animo a todo aquél que tenga curiosidad en saber qué ha pasado en Islandia en estos años, y qué soluciones se dieron allí a la feroz crisis económica provocada por unos pocos, a que lea este libro, muy ameno y muy fácil de comprender en todo lo que se refiere a la revolución social que allí se dio. En el relato económico es donde se le puede poner algún pero, pues no explica con el detalle que a mí me hubiese gustado cuáles fueron las causas del desarrollo excesivo del sistema financiero islandés, aunque sí describe bien las recetas económicas que se aplicaron.

La gran diferencia con España está en la reacción social, que allí fue eficaz y provocó la caída del gobierno y el enjuiciamiento de los responsables. Aquí esta eficacia no ha existido, y la protesta se ha canalizado por movimientos como el 15 M, que al final se han diluido en la nada, o en otras expresiones violentas de grupos antisistema (asaltar el Congreso, “escraches”…) que ni han conseguido ni conseguirán, en mi opinión, nada. Aparte de que el nivel de educación y de civilización en Islandia no es el español. Los islandeses se reunían en un polideportivo en Reikiavik para proponer soluciones a la crisis de su país. Debates pacíficos,  a los que asistían políticos, que daban explicaciones a la ciudadanía sobre lo que estaba pasando y porqué.

Pero esto no es trasladable a España. Primero, no es lo mismo debatir en un país de 300.000 personas que en uno de 46 millones. Y segundo… ¿Alguien se imagina a Zapatero, en el centro del campo del estadio Santiago Bernabéu, con un micrófono en la mano y con el estadio lleno (90.000 personas), dando explicaciones de lo que pasa en España?

Y cuando analicemos las soluciones económicas adoptadas en Islandia para salir de la crisis, no olvidemos que se trata de un país con moneda propia (no como España o Portugal, por ejemplo), lo cual le abre unas salidas que en los países de la zona euro no existen.

Exposición de la autora en Youtube.

http://www.youtube.com/watch?v=MVvyD00IIB8

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