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Archive for 14 julio 2013

“Porque devemos sair do euro”. Joao Ferreira do Amaral, ed. Leya, Lisboa, 2013

Posted by Jaime Gaviria en 14/07/2013

2013_5_28_PHOTO-c17f5a467d8b69bd2009865dbb83a470-1369765799-51Desde el estallido de la crisis económica en 2008,  uno de los países que peor lo está pasando es Portugal. No hay medio de comunicación que traiga buenas  noticias del país vecino. Antes al contrario, solo sabemos de crisis de gobierno, huelgas generales, despidos de funcionarios, rebajas de sueldos, recortes en las pensiones, emigración en masa de la juventud… El cenit estuvo en la intervención económica del país (2011), cuyo gobierno ha quedado de facto en manos de “la Troika”. Y por las noticias que llegan estos días, parece que la cosa no va a acabar aquí, y que podría ser factible una segunda intervención de su economía.

El pueblo portugués parece destilar una mezcla de pesimismo, desesperanza y rabia, ante lo que consideran como una pérdida de su muy preciada independencia y un desprecio absoluto a su sentir nacional (el patriotismo en Portugal es mucho más fuerte que en España, por lo que yo he podido conocer). La prueba más concluyente es que han resucitado la mítica canción “Grândola vila morena”, símbolo de la Revolución de los Claveles, que hizo caer el régimen salazarista (1974). Queriendo con ello hacer ver que antes estuvieron sometidos a una larga dictadura de la que pudieron zafarse, y que ahora hay que hacer lo propio con la dictadura de la Troika.

En medio de este clima, se ha publicado un libro del profesor Ferreira do Amaral, que está arrasando en los rankings de ventas de libros en Portugal, lo que fácilmente se explica por su sugerente título: “Por qué debemos salir del euro”. A la fecha de publicación de este artículo no existe aún la versión en castellano, pero se entiende bastante bien a poco que se tengan unos rudimentos de portugués. Además, al ser el autor un profesor universitario (muy prestigioso en Portugal), su discurso es muy didáctico, lo que facilita su comprensión.

La teoría que defiende el profesor Ferreira en este libro es muy sencilla y contundente: si Portugal quiere salir de la crisis que lo atenaza y quiere sobrevivir como país (pues llega incluso a afirmar que puede desaparecer como tal), la única solución que tiene es salir del euro y volver a tener moneda propia.

El profesor Ferreira defiende esta tajante medida con un hilo argumental muy bien fundamentado. Haré aquí un resumen.

Según Ferreira,  Portugal no tenía que haber aceptado su entrada en el euro, porque no estaba preparado para ello. Fueron las élites económicas y políticas quienes introdujeron al país en el euro, sin tener en cuenta para nada a la ciudadanía. La decisión de tener una moneda única europea no tiene ninguna justificación económica, contra lo que se nos ha hecho creer, y su única justificación es política. Por la forma en que el euro ha sido creado, y por el momento es que se creó (desaparición de la Unión Soviética, reunificación de Alemania…) se ha transformado de facto en una nueva versión del marco alemán, lo que ha hecho que la Unión sea en realidad un conjunto de países, sin relación ninguna entre sí salvo la monetaria, que bailan al son que Alemania quiera tocar.

Por si fuera poco,  el Banco Central Europeo tiene un comportamiento absurdo, pues no actúa como prestamista de último recurso (a diferencia, por ejemplo, de la FED norteamericana), tiene prohibido financiar a los estados miembros, y su única preocupación es mantener controlada la tasa de inflación en la zona euro. Lo que no es sino una imposición más de Alemania, que todavía recuerda con horror la hiperinflación que se vivió durante la República de Weimar en los años 20.

¿Cuál es el resultado? Pues que quien manda en Europa es Alemania, y que el euro solo responde a los intereses alemanes. Pero la estructura de la economía alemana no tiene nada que ver con la portuguesa. Por lo que los intereses de ambos países son totalmente contrarios, y por ello, no pueden compartir la misma moneda.

Para salir del pozo en que Portugal se encuentra inmerso, el profesor Ferreira propone dos líneas de actuación.

En primer lugar, y lo repite hasta la saciedad a lo largo del libro, Portugal debe abandonar el euro y volver a tener moneda propia. Para ello (págs. 119 – 121), propone una especie de “voladura controlada”, un proceso público, conocido de antemano, y apoyado por la Unión Europea, por medio del cual el país saldría del euro, pero manteniendo todos sus compromisos con la Unión (en ningún caso habla de provocar un “default”, lo que además sería absurdo,  pues supondría la puntilla para la economía portuguesa) e implementando una serie de medidas de financiación que, en pocos años, colocarían al país en una situación económica saneada.

Ferreira confía en que la Unión Europea apoyaría este proceso de salida, porque no solo sería bueno para Portugal, sino para la propia Unión. Además, recuerda, no sería el único caso de un país de la Unión Europea con moneda propia. El ejemplo del Reino Unido, que utiliza varias veces a lo largo del libro, es un argumento contundente.

En segundo lugar, Ferreira aboga por establecer nuevas alianzas económicas con otros países situados fuera de la Unión Europea. No se trata de abandonar la Unión (en ningún momento lo propone), sino de tener una dependencia menor de un área económica en la que los intereses de Portugal no son los mismos que los de otros países económicamente más fuertes. Así, plantea reforzar los lazos económicos con países como EEUU, China, Brasil, toda Sudamérica, Angola (su antigua colonia africana experimenta en estos momentos un boom económico impresionante)…

Para terminar, haré un par de reflexiones de cosecha propia.

No es mi intención (no tendría ningún sentido) discutir de economía con un profesor universitario experto en el ramo, pero yo no tengo muy claro que esa salida del euro fuese pacífica. Pretender, como hace el profesor Ferreira, que se conseguiría el apoyo de la Unión Europea, a la que se le convencería de las bondades de esta radical medida, y sin que se provocase un cataclismo en los mercados financieros mundiales, a mí me parece un poco ilusorio. Pero no deja de ser una opinión personal de un aficionadillo a la economía. Porque bien es verdad que lo que no se intenta nunca sale bien, y la peor gestión es la que no se hace. Los portugueses deberán analizar muy bien cómo dar ese paso y sus consecuencias. Y echarle valor. Como lo hagan y les salga bien, más de un país les va a tener envidia. Y no pienso en nadie…

Por otra parte, creo que el nacionalismo declarado del profesor Ferreira le influye mucho en sus propuestas. Es evidente su deseo de insuflar moral a sus compatriotas, y hacer que levanten la cabeza y recuperen su dignidad pisoteada por la Troika. Pero afirmar, como hace varias veces en el libro, que la decisión portuguesa de perder su autonomía monetaria fue una tragedia nacional solo comparable a la de 1581 (cuando Portugal admitió el dominio español en tiempos de Felipe II) nos da una idea de la filosofía que impregna su discurso.

 Más de lo mismo: no sé hasta qué punto sus ideas son realizables. Eso sí: es valiente como ninguno lo ha sido hasta ahora.

Recomiendo vivamente la lectura de este libro. El único problema es que está en portugués. Espero que pronto se publique la versión en castellano.

Por cierto: que sepáis que el análisis que hace de por qué Portugal se ha metido en el pozo en el que se ha metido, en mucho (que no en todo), es perfectamente aplicable a España. De ahí el interés que, también para nosotros, tiene la obra del profesor Ferreira.

ENTREVISTA AL PROFESOR FERREIRA EN “EL PAÍS”: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/23/actualidad/1366742414_278849.html

                              

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“1813. Crónicas donostiarras. Destrucción y reconstrucción de la ciudad”. José A. Azpiazu, edit. TTarttalo, 2013.

Posted by Jaime Gaviria en 10/07/2013

1813cronicas_tx1Con motivo del 200 aniversario de la destrucción de San Sebastián en 1813, se están publicando bastantes obras y artículos periodísticos sobre este tema. Algunos aportan poco a lo ya conocido, otros pretenden enfocar los hechos desde nuevos puntos de vista. También se están realizando exposiciones, recreaciones de los acontecimientos ocurridos ese verano en nuestra ciudad, conferencias…  En general, se vive en los últimos meses en San Sebastián un cierto clima de divulgación de los acontecimientos ocurridos en aquel infausto verano de 1813. En mi opinión, lo que se está haciendo es totalmente insuficiente, cuando no tendencioso,  dada la importancia que para la historia de la ciudad tuvieron estos hechos de guerra y la conveniencia de su divulgación, sobre todo a las generaciones jóvenes. Pero eso es otra cuestión, que no es objeto de este artículo.

De los libros que llevo leídos acerca de este hecho histórico, quisiera destacar el último de ellos. Es un trabajo del historiador José Antonio Azpiazu, que en mi opinión ha merecido la pena leer. El autor, ahora sí, estudia los acontecimientos de 1813, basándose en fuentes de información que hasta ahora no se habían explorado en profundidad: los documentos notariales, que respondían a actos jurídicos protagonizados por los ciudadanos de San Sebastián en los años anteriores y posteriores a la quema de la ciudad: compra – ventas de fincas, arrendamientos, litigios entre particulares… Se trata de fuentes de información objetivas, que van muy al detalle, pero que aportan datos que sirven para conocer mucho de lo que ocurrió en la ciudad en aquellos años. La fuente principal es el Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa, aunque también se nutre de documentos guardados en el Archivo General de Guipúzcoa y el Archivo Municipal de Donostia.

En este caso, sí que el enfoque que utiliza el autor es totalmente novedoso y favorece su imparcialidad. Por sacarle algún defecto, el lector enseguida verá que el autor se refiere una y otra vez   -no puede ser de otra forma, dado el sistema de trabajo utilizado-   a negocios jurídicos entre particulares, con nombres y apellidos, con lo que puede resultar una obra demasiado prolija para algunos. La otra cara de la moneda, y de ahí su mérito, es que, detrás del resultado obtenido, se intuye un verdadero trabajo de chinos, buceando entre escrituras notariales de aquellos años, para obtener conclusiones fundadas.

Animo a quien esté verdaderamente interesado por el tema de la destrucción de San Sebastián en 1813 a leer este libro. Eso sí, volviendo a advertir que el autor baja mucho al detalle, pero que a pesar de relatar tantísimos casos particulares, consigue proporcionarnos una visión de conjunto muy buena.  Además, a medida que el relato avanza, yo creo que gana en interés. No solo nos sitúa en lo acontecido en 1813,  sino también en los años posteriores, en los que se abordó la reconstrucción de la ciudad. Que es muy curioso y digno de conocerse.

Me limitaré aquí a resumir algunos de los grandes temas que toca Azpiazu en este trabajo, para que nos hagamos idea de lo que encontraremos en él:

La autoría de los hechos: el autor no deja lugar a dudas. San Sebastián fue destruida por la acción de las tropas aliadas angloportuguesas al mando del duque de Wellington (págs. 35 y otras). El ejército español no intervino en el ataque ni en su planificación, ni tampoco sus mandos. No deja lugar a ninguna especulación sobre posibles venganzas del general Castaños por hechos históricos anteriores (como afirma Iñaki Egaña en “Donostia 1813”).

El motivo de la destrucción de la ciudad: Azpiazu también suscribe la tesis   -ya defendida por otros historiadores-   de la destrucción por motivos económicos (págs. 13, 36, 59 y otras). Con la desaparición de San Sebastián, Inglaterra se quitaba de en medio un molesto competidor comercial. También apunta, como una posible segunda razón, que San Sebastián podía ser vista como una ciudad afrancesada por su importante comercio con Francia (págs. 12, 37 y otras), pero no concluye que esa fuese la razón principal para arrasar la ciudad.

Me interesa recalcar estos dos puntos del trabajo porque, por algunos detalles, no me parece que el autor sea sospechoso de defender posturas pro – españolistas, y sin embargo sus puntos de vista se enfrentan totalmente a los de otro autor (Iñaki Egaña) cuya obra está comentada en este blog (“Donostia 1813”). Y a mi juicio, lo hace con argumentos mucho mejor fundados, lo que hace que el trabajo de Azpiazu tenga, en mi opinión, una credibilidad muy superior a la del libro de Egaña (que a mi modo de ver es nula).

– Los criterios de reedificación de la ciudad: situémonos en una ciudad totalmente arrasada. ¿Se reconstruye tal y como era, o se parte de cero y se hace una ciudad nueva? El arquitecto Ugartemendía, a quien se le encargaron los trabajos de reconstrucción, así como la Junta de Obras, eran partidarios de hacer una ciudad prácticamente nueva,  corrigiendo todos los defectos de la anterior   -casas estrechas, calles irregulares, deplorables condiciones higiénicas, falta de iluminación…-   , mientras que las familias poderosas pretendían que todo quedase como estaba por miedo a perder sus posesiones (ver capítulos X “La reedificación y sus problemas” y XII “Hacia la Donostia del futuro”).

La supervivencia de los donostiarras mientras se reedificaba San Sebastián: los vecinos lo han perdido todo. Ya no tienen casa. ¿Cómo se vive, durante los años que dura la construcción / reconstrucción de San Sebastián? ¿Cómo y dónde se ejerce la principal actividad de la ciudad, el comercio? La gente se organizó como pudo, yendo a vivir a caseríos de las afueras, compartiendo habitaciones… Muy curioso el papel que jugaron unos edificios, hasta entonces, inexistentes: las barracas (ver capítulo VIII “Donostia, convertida en espacio de barracas”).

La especulación inmobiliaria que se produjo: la “burbuja inmobiliaria”, ¿es un hecho que solo ha ocurrido en los últimos años, o ya existió en el siglo XIX? Azpiazu nos demuestra que no hay nada nuevo bajo el sol. Hubo propietarios que se negaron a reconstruir sus casas, pero al mismo tiempo tenían barracas que alquilaban a precios prohibitivos. Otros retrasaban la construcción de sus casas con el fin de que la escasez de viviendas hiciese que su valor se incrementara. Hubo personas de la provincia que compraron suelo en la ciudad antes de que se reconstruyese… Incluso, ironías del destino, hubo franceses que compraron casas y terrenos para luego convertirse en propietarios en la renacida ciudad. Al final, tuvo que intervenir el mismísimo Rey para apremiar a que se terminasen las obras (ver capítulo IX “Soportando rentas desorbitadas”).

En conclusión, un libro magnífico, escrito con una metodología rigurosa, que vuelvo a recomendar a los interesados en la historia de San Sebastián.

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