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“1813. Crónicas donostiarras. Destrucción y reconstrucción de la ciudad”. José A. Azpiazu, edit. TTarttalo, 2013.

Posted by Jaime Gaviria en 10/07/2013

1813cronicas_tx1Con motivo del 200 aniversario de la destrucción de San Sebastián en 1813, se están publicando bastantes obras y artículos periodísticos sobre este tema. Algunos aportan poco a lo ya conocido, otros pretenden enfocar los hechos desde nuevos puntos de vista. También se están realizando exposiciones, recreaciones de los acontecimientos ocurridos ese verano en nuestra ciudad, conferencias…  En general, se vive en los últimos meses en San Sebastián un cierto clima de divulgación de los acontecimientos ocurridos en aquel infausto verano de 1813. En mi opinión, lo que se está haciendo es totalmente insuficiente, cuando no tendencioso,  dada la importancia que para la historia de la ciudad tuvieron estos hechos de guerra y la conveniencia de su divulgación, sobre todo a las generaciones jóvenes. Pero eso es otra cuestión, que no es objeto de este artículo.

De los libros que llevo leídos acerca de este hecho histórico, quisiera destacar el último de ellos. Es un trabajo del historiador José Antonio Azpiazu, que en mi opinión ha merecido la pena leer. El autor, ahora sí, estudia los acontecimientos de 1813, basándose en fuentes de información que hasta ahora no se habían explorado en profundidad: los documentos notariales, que respondían a actos jurídicos protagonizados por los ciudadanos de San Sebastián en los años anteriores y posteriores a la quema de la ciudad: compra – ventas de fincas, arrendamientos, litigios entre particulares… Se trata de fuentes de información objetivas, que van muy al detalle, pero que aportan datos que sirven para conocer mucho de lo que ocurrió en la ciudad en aquellos años. La fuente principal es el Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa, aunque también se nutre de documentos guardados en el Archivo General de Guipúzcoa y el Archivo Municipal de Donostia.

En este caso, sí que el enfoque que utiliza el autor es totalmente novedoso y favorece su imparcialidad. Por sacarle algún defecto, el lector enseguida verá que el autor se refiere una y otra vez   -no puede ser de otra forma, dado el sistema de trabajo utilizado-   a negocios jurídicos entre particulares, con nombres y apellidos, con lo que puede resultar una obra demasiado prolija para algunos. La otra cara de la moneda, y de ahí su mérito, es que, detrás del resultado obtenido, se intuye un verdadero trabajo de chinos, buceando entre escrituras notariales de aquellos años, para obtener conclusiones fundadas.

Animo a quien esté verdaderamente interesado por el tema de la destrucción de San Sebastián en 1813 a leer este libro. Eso sí, volviendo a advertir que el autor baja mucho al detalle, pero que a pesar de relatar tantísimos casos particulares, consigue proporcionarnos una visión de conjunto muy buena.  Además, a medida que el relato avanza, yo creo que gana en interés. No solo nos sitúa en lo acontecido en 1813,  sino también en los años posteriores, en los que se abordó la reconstrucción de la ciudad. Que es muy curioso y digno de conocerse.

Me limitaré aquí a resumir algunos de los grandes temas que toca Azpiazu en este trabajo, para que nos hagamos idea de lo que encontraremos en él:

La autoría de los hechos: el autor no deja lugar a dudas. San Sebastián fue destruida por la acción de las tropas aliadas angloportuguesas al mando del duque de Wellington (págs. 35 y otras). El ejército español no intervino en el ataque ni en su planificación, ni tampoco sus mandos. No deja lugar a ninguna especulación sobre posibles venganzas del general Castaños por hechos históricos anteriores (como afirma Iñaki Egaña en “Donostia 1813”).

El motivo de la destrucción de la ciudad: Azpiazu también suscribe la tesis   -ya defendida por otros historiadores-   de la destrucción por motivos económicos (págs. 13, 36, 59 y otras). Con la desaparición de San Sebastián, Inglaterra se quitaba de en medio un molesto competidor comercial. También apunta, como una posible segunda razón, que San Sebastián podía ser vista como una ciudad afrancesada por su importante comercio con Francia (págs. 12, 37 y otras), pero no concluye que esa fuese la razón principal para arrasar la ciudad.

Me interesa recalcar estos dos puntos del trabajo porque, por algunos detalles, no me parece que el autor sea sospechoso de defender posturas pro – españolistas, y sin embargo sus puntos de vista se enfrentan totalmente a los de otro autor (Iñaki Egaña) cuya obra está comentada en este blog (“Donostia 1813”). Y a mi juicio, lo hace con argumentos mucho mejor fundados, lo que hace que el trabajo de Azpiazu tenga, en mi opinión, una credibilidad muy superior a la del libro de Egaña (que a mi modo de ver es nula).

– Los criterios de reedificación de la ciudad: situémonos en una ciudad totalmente arrasada. ¿Se reconstruye tal y como era, o se parte de cero y se hace una ciudad nueva? El arquitecto Ugartemendía, a quien se le encargaron los trabajos de reconstrucción, así como la Junta de Obras, eran partidarios de hacer una ciudad prácticamente nueva,  corrigiendo todos los defectos de la anterior   -casas estrechas, calles irregulares, deplorables condiciones higiénicas, falta de iluminación…-   , mientras que las familias poderosas pretendían que todo quedase como estaba por miedo a perder sus posesiones (ver capítulos X “La reedificación y sus problemas” y XII “Hacia la Donostia del futuro”).

La supervivencia de los donostiarras mientras se reedificaba San Sebastián: los vecinos lo han perdido todo. Ya no tienen casa. ¿Cómo se vive, durante los años que dura la construcción / reconstrucción de San Sebastián? ¿Cómo y dónde se ejerce la principal actividad de la ciudad, el comercio? La gente se organizó como pudo, yendo a vivir a caseríos de las afueras, compartiendo habitaciones… Muy curioso el papel que jugaron unos edificios, hasta entonces, inexistentes: las barracas (ver capítulo VIII “Donostia, convertida en espacio de barracas”).

La especulación inmobiliaria que se produjo: la “burbuja inmobiliaria”, ¿es un hecho que solo ha ocurrido en los últimos años, o ya existió en el siglo XIX? Azpiazu nos demuestra que no hay nada nuevo bajo el sol. Hubo propietarios que se negaron a reconstruir sus casas, pero al mismo tiempo tenían barracas que alquilaban a precios prohibitivos. Otros retrasaban la construcción de sus casas con el fin de que la escasez de viviendas hiciese que su valor se incrementara. Hubo personas de la provincia que compraron suelo en la ciudad antes de que se reconstruyese… Incluso, ironías del destino, hubo franceses que compraron casas y terrenos para luego convertirse en propietarios en la renacida ciudad. Al final, tuvo que intervenir el mismísimo Rey para apremiar a que se terminasen las obras (ver capítulo IX “Soportando rentas desorbitadas”).

En conclusión, un libro magnífico, escrito con una metodología rigurosa, que vuelvo a recomendar a los interesados en la historia de San Sebastián.

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