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Archive for 28 noviembre 2015

“Final de partida”. Ana Romero. Ed. La Esfera de los libros. 2015

Posted by Jaime Gaviria en 28/11/2015

9788490603031Lo primero que debo decir es que me lo regalaron. Bien es verdad que me lo regalaron porque lo pedí. Y después de leerlo, diré que menos mal que me lo regalaron. Porque la verdad, no merece la pena pagar dinero por su contenido si lo que se quiere es encontrar algo nuevo y distinto a toda la información que se lleva publicando durante los últimos años sobre la crisis de la Casa Real española. En todo lo que se refiere a “prensa rosa”, el libro llega tarde, pues salvo algún que otro detalle, las andanzas del rey emérito con la ínclita Corinna (que a mi juicio es la verdadera protagonista del libro) son ya conocidas, y no vamos a encontrar nada especialmente sabroso. Y en lo que toca a política, el pasado es ya pasado, y a estas alturas intuyo que la sociedad española ha pasado página y hay voluntad de mirar hacia adelante y no hacer leña del árbol caído.

 Pero ya que me lo he leído, voy a escribir algo, porque creo que el libro da para reflexionar. Yo lo definiría como un libro poliédrico. Tiene muchas caras y se puede ver desde muchas perspectivas. Después de leerlo, para mí lo de menos es la historia que cuenta, y lo más importante, las conclusiones que se pueden sacar. Que esas sí que son serias.

“¿Salsa rosa” nueva? Poca. Que el rey Juan Carlos y la reina Sofía van cada uno por su lado desde hace tiempo, ya lo sabemos. Y que la relación que tenían desde hace años era obligada y por motivos profesionales, ya se sabía también. Que el espacio natural de la reina Sofía era la Plaza de Las Ventas, o una dehesa en Salamanca   -que cantaba Rafael Farina-   se suponía.  Que el rey se negaba a viajar con la reina porque no la soporta (y así de paso metía a Corinna como parte de su séquito en el avión), pues está bien saberlo, pero sin más. Tiene su gracia enterarse de que el rey Juan Carlos se ha hecho muy amigo del primer marido de Corinna, qué pequeño es el mundo. Pero por lo demás tampoco penséis que hay muchos más cotilleos sabrosos. Únicamente, la constatación de que existe un “supra mundo” de lujos, aviones, palacios, castillos, cacerías y comilonas, que no sale en la prensa, que está reservado para los ricos y poderosos, y vedado al populacho. Igual que en la Edad Media. Volveremos a eso más adelante.

En cuanto a secretos políticos, tampoco creáis que hay muchos. Que si el ministro de exteriores se entrevistó en persona con Corinna, que el CNI siguió sus actividades, que Felipe González le escribió al rey el discurso de abdicación, … Lo más sabroso que podremos encontrar es que el infame discurso de la Pascua Militar de 2014, en el que el rey fue incapaz de leer correctamente unas pocas cuartillas, y que causó vergüenza ajena en la cúpula militar allí reunida, estuvo precedido de una noche de celebración de Reyes el 5 de enero en Londres, donde el rey se puso ciego a comer y a beber. El avión que lo tenía que traer a España esa noche se averió, el vuelo se retrasó, tuvo que estar horas detenido en un aeropuerto privado, el rey llegó a Madrid casi sin dormir, y luego no fue capaz de leer cuatro cuartillas. Más sabrosos son los negocios que hacen las empresas del Ibex con los países árabes, y que se relatan con algún que otro detalle.

Yo, por no extenderme mucho, prefiero centrarme en las conclusiones que he sacado después de leer el libro.

La primera: es triste admitirlo, pero hay cosas que no han cambiado mucho desde la Edad Media. Siguen igual, aunque revestidas de otro ropaje. Existe un mundo oculto a los ojos del populacho en el que reyes y poderosos se mueven a sus anchas. Mientras en España hay cerca de 6 millones de parados, la desigualdad ha crecido a niveles desconocidos, los jóvenes soportan un 50 % de paro, y quien trabaja, lo hace en condiciones muy precarias,  el rey caza elefantes en un resort de lujo y se le llena la boca diciendo que asume el compromiso de ejemplaridad que se le exige a la clase política, al tiempo que el paro de los jóvenes le quita el sueño.  Viven en otro mundo.

En el pasado  existía la corte de Versalles. Ahora los nobles son los presidentes de las empresas del Ibex 35. Un mundo plagado de cacerías en resorts de lujo, de negocios en países árabes al tiempo que se asiste a circuitos de fórmula 1…El populacho paga impuestos y no se entera de lo que hace la clase super – alta (mucho más alta todavía que “la casta” de Pablemos), que vive una vida de lujo y placer. ¿A alguien le extraña que haya desafección por la política? A mí no. A mí lo que me extraña es que Podemos no haya surgido antes.

La segunda: los defensores de la monarquía tradicional   -como el mítico periodista monárquico Jaime Peñafiel-   se van a quedar sin argumentos. En pleno siglo XXI, no cabe en la cabeza de nadie que a un hombre se le obligue a casarse con una mujer porque ambos son de sangre real y no puedan contraer matrimonio con plebeyos. Luego pasa lo que pasa. En este sentido, el rey Felipe VI ha sido valiente   -el libro confirma que lanzó el órdago de la renuncia al trono si no se le permitía casarse con la reina Letizia-   , seguramente influido por lo que habrá visto en su casa durante años. Parte lo cuenta el libro y mucho se intuye. Parece claro que la monarquía es  una institución del pasado, que sobrevive por motivos de inercia histórica, y que tendrá sentido en la medida en que, con sus actos,  demuestre que no compensa cambiar a una república.

La tercera: está claro que hace falta renovar la institución y hacerla mucho más transparente. Ya no vale aquello de que el rey recibe una cantidad de los presupuestos generales del Estado y la distribuye a su libre albedrío sin dar cuentas a nadie. La gente   -que diría Pablemos-   , el populacho   -que digo yo-   estamos hartos de que nos roben y nos engañen, y queremos transparencia. Y si, como parece, hay voluntad, el rey actual lo tiene muy fácil: auditoría anual de las cuentas de la Casa Real a cargo de los interventores del Estado y publicidad de los resultados en la web de la Casa; inventario público de los bienes de la Casa Real; costes colaterales no incluidos en el presupuesto, para cortar el debate de que la Monarquía en España es mucho más cara de lo que realmente se dice… Cuentas claras. Fundamental.

La cuarta: es preciso desarrollar la Ley Orgánica, prevista en la Constitución, que dé un estatuto de funcionamiento a la Casa Real, regule situaciones como la regencia, la sucesión, o la abdicación. Nunca hasta ahora ha habido voluntad de abordar dicha ley, y tendría que ser la propia Casa Real quien la impulsase. Por su propio bien. Y asumir y dejar claro que el rey es el máximo representante del país, porque los ciudadanos así lo quieren. ¿Qué es eso de que los reyes no abdican, como dijo la reina Sofía? ¿Quién es esta señora   -que además no tiene ninguna función institucional en la Constitución-   para imponer que a mi país lo represente una persona que, a ojos vista, no podía hacerlo, ni por motivos de salud ni de imagen? Los ciudadanos no somos niños, y por medio del Parlamento, tenemos que poder tener mucho más control sobre la institución que representa al país.

Quinta y última: yo creo que la Monarquía es España sigue siendo una institución que no está suficientemente asentada. Está prendidita con alfileres. Porque nació como nació en 1975, siempre ha estado protegida por una especie de “cordón sanitario” político – mediático, y eso ya no se sostiene. Tarde o temprano   -y si no, al tiempo-   habrá que cortar el debate Monarquía – República. Y eso solo se hace de una manera: preguntando a “la gente”, al “populacho”, qué es lo que prefieren. No será mañana ni pasado, pero yo creo que eso llegará. Es uno de los debates recurrentes y absurdos en los que este país no puede perder ni el tiempo ni las energías. En mi opinión, el futuro de la Monarquía en España se llama referéndum. En la sociedad del siglo XXI, en la sociedad de la información, pretender mantener ese cortafuegos, que 40 años después ya no tiene ningún sentido, es querer vaciar el mar. Ya vale de andar con “taca taca” como los niños. Enfrentemos la realidad, que lo peor que puede pasar es que te tengas que subir a un barco en Cartagena, como Alfonso XIII. Que tampoco va a ser como en Francia, con la guillotina en mitad de la plaza Mayor de Madrid. En eso creo que algo hemos avanzado.

Hablando de Francia, después de leer este libro me reafirmo, yo quiero ser francés. Au revoir.

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