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“Todavía no sé quiénes, pero ganaremos”. La manipulación política del sistema electoral español. Ignacio Lago & José R. Montero. Universidad Autónoma de Madrid.

Posted by Jaime Gaviria en 06/02/2016

En las Navidades de 2015, justo después de las elecciones generales del 20 – D, que han dado por resultado un panorama político hasta ahora desconocido en España (fin del bipartidismo, aparición de formaciones políticas nuevas, gran dificultad para crear una coalición de gobierno…) he tenido la oportunidad de localizar vía internet el trabajo que seguidamente voy a comentar, y que a mi juicio, debería ser lectura obligada para quienes quieran comprender el funcionamiento del actual sistema electoral español.

Se trata de un estudio monográfico realizado por los profesores Ignacio Lago y José Ramón Montero en el año 2005. El primero es profesor de Ciencia Política en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y el segundo es Catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Es muy didáctico, y no solo explica su funcionamiento y sus virtudes y defectos, sino que también describe muy bien los motivos que llevaron a su creación tal y como está pensado, ubicándolo en el marco histórico de la Transición del régimen franquista a la democracia parlamentaria (1976 – 1978). Sin esa referencia histórica no es posible comprenderlo en su integridad.

El título del estudio (“Todavía no sé quiénes, pero ganaremos”) es una frase pronunciada por Pío Cabanillas, ministro en los últimos gobiernos de Franco y en los primeros de la UCD, y que fue uno de los encargados de crear el sistema electoral que aún hoy, con pequeños cambios, funciona en España. Y la verdad es dicha frase que resume muy bien el espíritu que llevó a la creación de nuestro actual sistema electoral.

Más adelante os dejo el enlace al documento completo, para quien se lo quiera descargar. Seguidamente intentaré reflejar lo esencial de su contenido. Antes de seguir adelante, decir que el estudio se centra en las elecciones al Congreso de los Diputados.

Contexto histórico.

Tras la muerte del General Franco en 1975, España se enfrenta a un cambio político brutal, pues se pone en marcha un proceso que ha de llevar a la desaparición del sistema político – institucional del franquismo. Para ello, es preciso organizar un sistema electoral que permita una convocatoria a Cortes Constituyentes que elaboren una nueva Constitución.

El problema con el que se enfrentó el gobierno Suárez, a la hora de redactar el Decreto Ley que reguló las primeras elecciones democráticas en 1977, es que no tenía ni idea de cuántos partidos se iban a presentar, ni cuáles iban a ser, ni qué apoyos podía tener cada uno. De hecho, durante los dos años posteriores a la muerte de Franco (1976 – 1977) se produjo una auténtica eclosión de partidos y agrupaciones políticas (lo que se dio en llamar “la sopa de letras”), la mayoría de los cuales no existían ni siquiera durante la IIª República. El pueblo español, tras 40 años de dictadura, tampoco estaba acostumbrado a votar en unas elecciones libres, ni tenía información suficiente de la propuesta de cada partido, con lo que no había referencias para estimar cuál podía ser el resultado electoral.

Esta radical incertidumbre condicionaba sobremanera los cálculos de los distintos actores. Por un lado, se temía que el nuevo Parlamento se fragmentase entre muchos partidos, de forma que se volviese ingobernable. Por otra parte, los reformistas del franquismo, que estaban llevando a cabo el proceso de transición, tampoco querían facilitar que los partidos de izquierda llegasen al poder. De manera que lo que se creó fue un sistema electoral que evitase estas dos circunstancias. En declaraciones hechas en 2002 por uno de sus creadores, el político de UCD Oscar Alzaga:

“…el encargo político consistía en formular una ley a través de la cual el Gobierno pudiese obtener mayoría absoluta. Puesto que los sondeos preelectorales concedían a la futura Unión de Centro Democrático un 36 % – 37 % de los votos, se buscó hacer una ley en la que la mayoría absoluta pudiese conseguirse con alrededor del 36 % – 37 %. Y con un mecanismo que en parte favorecía a las zonas rurales (…) frente a las zonas industriales”.

Por lo tanto, los objetivos fundamentales que se fijaron fueron:

  1. Evitar la excesiva fragmentación del Parlamento, y
  2. Favorecer el triunfo de los partidos de centro – derecha. O lo que es lo mismo, dificultar el acceso de la izquierda al poder.

¿Es posible conseguir esto? Sí. Veamos cómo.

 

Los elementos básicos del sistema electoral español.

Las principales variables o reglas de funcionamiento que definen el actual sistema electoral en España son las siguientes:

  • El distrito electoral es la provincia.
  • La fórmula que se utiliza para el cálculo de escaños obtenidos en cada circunscripción es la ley d’Hont.
  • Se crea un Congreso compuesto por 350 diputados.
  • Se asigna un mínimo de 2 escaños por distrito electoral (1 para Ceuta y 1 para Melilla).
  • Los restantes 248 se reparten tramos prefijados de población.
  • Se establece una barrera del 3 % de los votos válidos emitidos en la circunscripción para poder acceder a un escaño.
  • Los candidatos se presentan en listas cerradas.

Es muy importante entender que el distrito electoral es la provincia, y las consecuencias que esto tiene, que luego se explicarán. Asimismo, hay que fijarse bien en que, con un Congreso de 350 diputados, si ya de entrada se asignan 52, sin tener en cuenta el tamaño de cada distrito electoral (la provincia), el reparto de los 248 restantes entre circunscripciones con población muy diferente produce unos desequilibrios muy intensos en la influencia individual de los votos. Dicho de otra forma: para conseguir un diputado en Madrid hacen falta cinco veces más votos que para conseguir un diputado en Teruel.

¿Cómo se evita la fragmentación del Parlamento?

  • Mediante la barrera del 3% de los votos válidos emitidos en el distrito electoral: todo partido que, en su distrito electoral (que, repito, es la provincia, y no el conjunto del país), no alcance esta cifra, no obtiene escaños en ese distrito.
  • Mediante la utilización de la ley D’Hont para el reparto de escaños, pues esta fórmula de cálculo beneficia a los partidos grandes respecto a los pequeños.
  • Mediante la utilización de listas cerradas de candidatos, lo que impide votar a candidatos individuales.

¿Y cómo se favorece el triunfo de los partidos de centro – derecha?

  • Fijando la provincia como distrito electoral,
  • Asignando un número mínimo de escaños por provincia, con independencia de su población, y
  • Creando un Congreso relativamente pequeño para el tamaño del país, en el que solo se reparten, en función de la población de cada distrito electoral, 248 diputados.

La España de 1977 tenía una distribución de población muy desigual. Había provincias muy pobladas (Madrid, Barcelona…) y otras muy despobladas (Soria, Teruel…). ¿Qué ocurre? Que, al asignar un mínimo de 2 diputados a Teruel (por ejemplo), igual que a Barcelona, como el tope de diputados viene marcado en 350, se está otorgando una sobre – representación a Teruel. El mismo ejemplo vale para Soria y Madrid, y otros casos similares.

Esto no es casualidad. Se pensó que la sobre – representación de las provincias rurales y de escasa población beneficiaría el voto del centro – derecha, por tratarse de núcleos de población con tendencia, generalmente, más conservadora. Mientras que los partidos de izquierda, históricamente, habían tenido más fuerza en los núcleos urbanos, que quedan infra – representados.

Y los creadores del sistema electoral acertaron plenamente. Hoy en día, un 40 % de votos otorga casi con total seguridad la mayoría absoluta al partido que los consigue (caso del PP en 2011). Y con un 36 % – 37 % de votos, se ha demostrado que se está muy cerca de la mayoría absoluta en unas elecciones generales.

 

Las consecuencias del sistema electoral actual.

Resumiré aquí las que me han parecido más importantes:

  • Favorece a los partidos grandes y perjudica a los pequeños. Es decir, favorece el bipartidismo, que es básicamente el sistema que hasta ahora hemos conocido.
  • Genera una sobre – representación de las provincias menos pobladas. Y por lo tanto, provoca diferencias en el valor individual de los votos. El anterior ejemplo comparativo de Barcelona con Teruel es ilustrativo de este sesgo.
  • Favorece a los partidos regionalistas, que obtienen más escaños al concentrar todos sus votos en pocos distritos. El caso más claro es el del País Vasco.
  • Perjudica a los partidos que se presentan a nivel nacional y que no obtienen mayoría en ningún distrito. El caso más evidente es el de Izquierda Unida, que se presenta en todas las circunscripciones y, con 2.000.000 de votos en toda España, obtiene 5 diputados. Mientras que el PNV, con 500.000 votos obtiene 6 diputados. ¿Por qué? Porque el PNV concentra todos sus votos en 3 distritos (las 3 provincias vascas), donde además es mayoritario, mientras que Izquierda Unida reparte sus votos en 50 distritos y no es mayoritaria en ninguno.

El estudio realiza este análisis con mucho más detalle. Vuelvo a decir que os aconsejo plenamente su lectura si queréis entender bien cómo funciona el sistema electoral español.

 

Conclusión.

Así como hasta ahora me he limitado a extractar lo que me ha parecido más interesante del estudio de los profesores Lago y Montero, quisiera que las conclusiones de este artículo fuesen totalmente personales.

La principal conclusión que yo he sacado es que la composición del parlamento no refleja la realidad política del país. Hay provincias y partidos que tienen mucha más representación de la que merecen, y el número de diputados no muestra el peso real de cada corriente ideológica a nivel nacional. El sistema tiene sesgos evidentes, que además son conocidos desde hace tiempo, y están demostrados al haberse repetido una y otra vez en las distintas elecciones al Congreso que han tenido lugar desde 1978. Entonces… ¿por qué no se cambia?

En mi opinión, porque, aunque no es un sistema totalmente justo y tiene defectos importantes, la alternativa es peor, y puede generar efectos contraproducentes. Es aplicable el refrán de “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Por eso, durante estos 40 años, no ha habido intentos serios de cambiar el sistema electoral. ¿Por qué no se sustituye por un sistema proporcional puro?

Por un lado, quienes tienen fuerza para provocar el cambio (el PP y el PSOE), no tienen ningún interés en hacerlo. El PP, porque el sistema está pensado para favorecer a la derecha. Y el PSOE, porque, aunque en teoría es un perjudicado, la práctica ha demostrado que aun así puede llegar al gobierno, incluso con mayoría absoluta.

Por otro, porque quienes claramente son perjudicados por el sistema   -los partidos que se presentan a nivel nacional, como Izquierda Unida o UPyD-   no tienen suficiente fuerza para impulsar el cambio por sí solos. Y no encontrarían aliados en los partidos mayoritarios, que además los ven como posibles competidores.

Existe un tercer grupo de interés: el de los partidos regionalistas (PNV, EH Bildu, Coalición Canaria, Convergencia y Unió…), que correrían el riesgo de quedarse sin representación si el sistema fuese totalmente proporcional. Lo que sin duda reforzaría a los partidarios de separarse de España en sus respectivos territorios. Más vale tenerlos dentro del Parlamento, aunque estén sobre – representados, que fuera de él.

También quedarían, posiblemente, sin representación, si se aplicase un sistema proporcional puro, las provincias menos pobladas. Es decir, no habría ningún diputado por Teruel ni por Soria. Como si no existieran. Más graves serían los casos de Ceuta y Melilla, que sin ninguna duda se quedarían sin representantes en el Parlamento nacional. Lo cual podría precipitar su anexión, incluso voluntaria a medio plazo, a Marruecos. Se perdería el sentimiento de formar parte de España.

Una última observación: hay que tener en cuenta que este estudio es del año 2005. Las elecciones de 2015 han dado un resultado totalmente inesperado y que contradice, con la aparición de los llamados “partidos emergentes”, los efectos del sistema. ¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Se reconocerán los defectos de la ley electoral? ¿Se promoverá un cambio de la misma? En la fecha en que escribo este artículo (febrero de 2016), ni hay Gobierno (después de dos meses de las elecciones), ni se sabe si lo va a haber y cuándo, ni cuál será. Como para aventurar si se va a cambiar la ley electoral…Dejemos que el tiempo nos dé la contestación.

Bueno, me ha salido un artículo un poco largo, pero he disfrutado escribiéndolo. Os dejo el enlace al informe, para quien tenga valor de leerselo entero.

https://dedona.wordpress.com/2014/11/10/todavia-no-se-quienes-pero-ganaremos-manipulacion-politica-del-sistema-electoral-espanol-lago-i-y-montero-j-r/

 

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