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“Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España, 2008 – 2014”. Banco de España, mayo de 2017.

Posted by Jaime Gaviria en 22/07/2017

Edificio del Banco de España en la Plaza Cibeles. Madrid.

Para quienes nos gustan estas cosas, el título es atrayente. Un informe de 250 páginas, nada menos que del Banco de España, sobre todo lo que ha ocurrido en el sector financiero español durante la crisis de los años 2008 a 2014, crisis que ha revolucionado totalmente el mapa de la banca en España y el sector financiero en general. ¿A quién, que esté interesado por este tema, no le apetecería leerlo?

Pues si el título es excitante, la decepción que se tiene cuando lo has terminado de leer es mayúscula.

Había oído hablar de este informe, y no precisamente bien, por cierto. Me lo descargué de internet, y tras dos lecturas del mismo, se confirma plenamente la información que me había llegado. El informe es decepcionante, por incompleto. Hay que decir, en su favor, que para aquellos que puedan tener interés en conocer más sobre la crisis financiera, el relato que se presenta es extenso y bien estructurado, y está redactado en un lenguaje muy didáctico   -sólo es críptico cuando le interesa serlo-  y sin recurrir excesivamente a tecnicismos   -aunque es inevitable que lo haga en varias ocasiones-. Explica los orígenes de la crisis en su contexto internacional, las evoluciones de la misma en el período analizado, los cambios en la legislación europea para un mejor control del sector… En eso, perfecto, no hay nada que decir. El informe es muy válido, y si no has leído nada, o poco, sobre la crisis del sector bancario en España, te servirá para situarte muy bien en lo ocurrido.

Entonces, ¿de dónde viene la decepción?

En terminología naval, se denomina “obra viva” de un barco a la parte del casco del buque que está sumergida en el agua. Lo contrario es la “obra muerta”, es decir, la parte del casco del buque que está por encima de la línea de flotación. Cuando el barco navega, la obra muerta es lo que vemos de él, y la obra viva es lo que no vemos.

Pues bien: si la crisis financiera y bancaria habida en España entre 2008 y 2014 fuese un barco, este informe nos describiría su “obra muerta”. O sea, la parte del buque que es visible, la que todos conocemos. Pero el informe nos oculta totalmente la “obra viva” de la crisis del sector. El Banco de España adopta, en este informe, la postura del cronista de la ciudad. Nos cuenta lo que ya todos conocemos por haberlo leído mil veces en los periódicos: la crisis subprime en EEUU, la quiebra de Lehman Brothers, la crisis del euro, Grecia, el ladrillo en España, las cajas de ahorros… Esto es lo que pasó. Y el Banco nos lo cuenta. Él “pasaba por allí” y tomó notas. Con esas notas escribió un informe, y éste es el resultado.

Hasta ahí, muy bien. Lo que pasa es que algunos esperábamos que nos describiese la “obra viva” de la crisis. Ya sabemos QUÉ pasó. Lo que queríamos saber es POR QUÉ pasó. Es decir, dónde estuvo realmente el origen de la crisis, qué condiciones especiales se daban en España para que la mitad del sector financiero español estuviese quebrado   -las cajas de ahorro-, cómo se ha reconvertido realmente dicho sector, y cuándo se va a acabar esto   -porque no se ha terminado, por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario-. Y si el Banco de España tuvo alguna responsabilidad en ello.

Miguel Ángel Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España durante el peor período de la crisis bancaria en España.

Pues bien, de todo eso, ni palabra. El informe rezuma autocomplacencia. La sensación que se te queda tras su lectura es que el Banco de España lo hizo todo bien, que inspeccionó todo lo que tenía que inspeccionar, que aplicó todas las normas y directivas europeas que le fueron dictadas, y que incluso lo hizo con más rigor del que se le pedía. No me resisto a reproducir este párrafo, en el que habla de la implantación de las nuevas normas de valoración contable (las NICs) en el año 2002 (pág. 55):

“Las prácticas contables españolas se adaptaron al nuevo marco internacional, si bien se hizo un esfuerzo por mantener los criterios de prudencia que caracterizaban a la regulación española. Así, se mantuvo el tradicional enfoque del Banco de España, conservando ciertos elementos de nuestra práctica contable, que era más estricta”. (1)

O sea, que fuimos más estrictos que lo que Europa pedía en la llevanza de la contabilidad de los bancos y en la valoración de sus activos y pasivos. Y ello, gracias al Banco de España. Pues menos mal…

Lo mismo ocurre cuando habla del mantenimiento de las provisiones contracíclicas en los balances de los bancos españoles (pág. 63):

“…la conclusión es que las provisiones contracíclicas, diseñadas y establecidas solo por el Banco de España entre los supervisores miembros del BCBS (2), en un momento en que a escala internacional no había instrumentos contracíclicos, contribuyeron de forma positiva a que la banca española resistiera mejor los efectos iniciales de la crisis”.

 ¡Gracias, Banco de España! Sin ti, la cosa hubiese sido mucho peor. ¿O no es esa la conclusión que sacaría un profano en el tema?

Y así es todo el informe. Hubo tormenta, pero el Banco de España supo pilotar bien el barco, dando los golpes de timón que fueron necesarios para salvar el oleaje y llevar la singladura a buen puerto, que es donde estamos ahora.

Lo que no dice el informe es lo que ya sabemos los que nos hemos preocupado por leer sobre el tema: que el Banco de España intervino tarde; que el Gobernador Fernández Ordóñez ignoró, por presiones políticas, los avisos que ya desde hacía tiempo le estaban dando los inspectores; que las cajas de ahorro -¡¡la mitad del sistema financiero español!!-  estaban gobernadas, en muchos casos, por gente sin ninguna preparación y que solo obedecían a criterios políticos; y que todos estos desmanes nos están costando a todos un inmenso dineral. Y hablo en presente, no en pasado, porque esto no ha terminado. Todavía nadie es capaz, a fecha de hoy, de calcular el coste de la crisis, ni cuánto de las ayudas públicas a la banca se va a recuperar   -muchas de ellas ya se dan por perdidas- .

Pedro Solbes, ministro de Economía. Se negó a admitir la evidencia de la crisis hasta que los hechos fueron apabullantes.

Es realmente glorioso, y merece la pena leerlo despacio, el párrafo en el que explica cómo se rescató el fenecido Banco de Valencia (pág. 204), porque explica muy bien cómo hemos pagado el pato de la crisis bancaria todos los ciudadanos:

 “…La totalidad de las acciones del Banco de Valencia titularidad del FROB fueron adjudicadas a la entidad CaixaBank. La oferta de CaixaBank consistía en la inyección por el FROB de 4.500 millones de capital en el Banco de Valencia, adicionales a los 998 ya comprometidos (…), previa su venta por 1 €, garantías al comprador por 165 M €, y un EPA que cubriera el 72,5 % de las pérdidas de una cartera de 6.424 millones de €, así como el traspaso de activos a la SAREB y la realización de acciones de gestión de instrumentos híbridos”.

¿Cuál es el significado de este lenguaje críptico?

Traducido a román paladino, quiere decir: que el Banco de Valencia lo compró el Estado (o sea, nosotros, el populacho); que se lo regaló a CaixaBank por 1 €; que previamente a la venta, el Estado (nosotros) inyectó al enfermo -enfermo terminal, por supuesto- 4.500 millones de euros para que pudiese seguir respirando; que le quitaron de encima el “ladrillo” incobrable que tenía, traspasando sus activos dañados al “banco malo” -SAREB-. Y por si no fuese suficiente, que le dieron a CaixaBank un seguro de vida de 6.424 millones de euros (nuestros), para que pudiese pagar los entierros de los cadáveres que surgiesen cuando CaixaBank levantase la alfombra del Banco de Valencia.

También se pueden ver ejemplos de cómo utilizar jeroglíficos egipcios para explicar   -mejor dicho, ocultar-   los esquemas de protección de activos empleados en los rescates de las cajas catalanas y gallegas (págs. 202 y 204). El estilo es el mismo.

¿Y el Banco de España no tuvo nada que ver en todo esto? ¿No tiene inspectores permanentes en todos y cada uno de los bancos y cajas de España? ¿A qué se dedicaban, dónde miraban? ¿Y si hacían su trabajo   -que me consta, por lo que he leído, que sí lo hacían, y que se trata de personal competente-, ¿en qué cajón se guardaron sus informes, y por qué? Pues eso es lo que el informe no cuenta.

Todavía resuenan en mis oídos las palabras del presidente Zapatero, diciendo en Nueva York que España tenía el sistema bancario más sólido del mundo, cuando al menos la mitad del mismo   -las cajas de ahorro- estaba quebrado. No hacen falta comentarios porque es de dar vergüenza ajena.

Voy a terminar, que me estoy extendiendo demasiado. El informe es bueno   -sólo faltaría que no lo fuese, tratándose del Banco de España-. Lo que ocurre es que, en mi opinión, y en la de muchos, por lo que he leído, es incompleto y peca de “autobombo”. En ningún momento admite su responsabilidad en la crisis. Que la tuvo.

A quien quiera investigar más, yo le recomendaría que completase esta información con la que proporcionan otros libros. Los que yo he leído sobre el tema son:

  • BARÓN ARNICHES, I.: “El hundimiento de la banca”. Ed. Catarata, 2012.
  • DE LA TORRE DÍAZ, F.: “¿Hacienda somos todos? Impuestos y fraude en España”. Ed. Debate, 2014.
  • GARCÍA, N. y RUESGA BENITO, S.: “¿Qué ha pasado con la economía española”? Ed. Pirámide, 2014.
  • CASTAÑO, F.: “El despilfarro: la sangría de la España autonómica”. Ed. Espasa, 2011.
  • MIR, S. y CRUZ, G.: “La casta autonómica”. Ed. La esfera de los Libros, 2012.
  • MARTIN ACEÑA, P. y otros: “Las crisis financieras en la España contemporánea”. Ed. Crítica, 2013.

 

 

(1) La implantación de las NICs supuso un cambio fundamental en los principios contables que hasta entonces regían el Plan General de Contabilidad en España, pues se pasó de primar la “prudencia valorativa” a primar la “imagen fiel”. Lo que se pretendía era que los inversores conociesen realmente el valor de un negocio en un momento determinado, y no que sus estados contables se cubriesen a la baja en las valoraciones.
(2) Comité de Supervisión Bancaria de Basilea.
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